40 pistolas.

Publicado en por CINE MIO

Samuel Fuller, 1957


40 pistolas

 

Respetar un género cinematográfico, su esencia al fin, y al tiempo innovar dentro del mismo es la vuelta de tuerca de Samuel Fuller en40 pistolas. El director y aquí también guionista y productor dilata los moldes en el tratamiento de la violencia, por un lado, y más si cabe en la fuerte tensión sexual que modula las relaciones de los personajes en esta película. Para ello se apoya en una alambicada puesta en escena y en una sencilla base argumental: los tres hermanos Bonnell llegan a una población subyugada por la terrateniente Jessica Drummond (Barbara Stanwyck) y su ejército de cuarenta pistoleros. Y, lo más importante, nos deja momentos estelares como el plano secuencia de tres minutos largos con la cámara cruzando el pueblo para acabar con el encuentro de la protagonista y el mayor (Barry Sullivan) de los hermanos Bonnell. 

En el matriarcado de 40 pistolas (Forty guns) la violencia es un hábito, o esa impresión resulta de la reacción algo mecánica y apática de los distintos personajes frente a la misma. La realización, en consonancia, hierática y prolija en los prolegómenos de cada estallido de violencia, y concisa al tiempo de la resolución. Aún de mayor interés es la tácita invocación de la tensión sexual y los celos en pantalla, recursos de alguna forma ya anunciados en dos westerns —Encubridora (1952) y Johnny Guitar (1954)— precursores en la inclusión de un dinámico personaje femenino de apariencia imperturbable, algo infrecuente en el género. Fuller baraja para expresar esa tensión sexual distintos elementos: diálogos con doble sentido (No me interesa usted, Sr. Bonnell, sino su pistola. ¿Puedo tocarla?/ No/ Es pura curiosidad/ Podría estallarle en la cara/ Me arriesgaré); el lenguaje gestual de una soberbia Barbara Stanwyck; y además la ritual representación del dominio de la protagonista sobre el sexo contrario: así cuando la observamos a una mesa en la barroca intimidad de su mansión y flanqueada por todo su ejercito de pistoleros.


Los celos y la tensión sexual, en definitiva, como motor del drama. Así se explicarían las reacciones de algunos de los cuarenta pistoleros al peligrar el equilibrio, por expresarlo de algún modo, en su relación con la abeja reina. Y la actitud también del hermano de Jessica Drummond al verse desplazado en su afecto, y hasta, si me apuran, la del mayor de los Bonnell al disputarse con una mujer su hombría y afamada autoridad. Unas enturbiadas pasiones, ya por último, que acaso justifican la sorpresiva resolución de una de las secuencias —el segundo tiroteo a plena luz del día con el impetuoso hermano de la protagonista— más ambiguas de este ya de por sí tornadizo western.

Fuente:Dos cabalgan juntos-Publicado por C. V. Moure

 

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