CASABLANCA.

Publicado en por CINE MIO

Casablanca

Director: Michael Curtiz. 1942. EE.UU. B/N

Intérpretes: Humphrey Bogart (Rick Blaine), Ingrid Bergman (Ilsa Lund), Paul Henreid (Victor Laszlo), Claude Rains (Capitán de policí­a Renault), Conrad Veidt (Mayor Strasser), Peter Lorre(Ugarte), Dooley Wilson (Sam)

 

Durante la II Guerra Mundial los alemanes conquistaron casi la mitad de Francia, incluyendo Parí­s. El gobierno francés se replegó a Vichí­y en el sur del paí­s y pactó la paz a cambio de colaboración. El general De Gaulle marchó con los opositores al invasor nazi hacia la zona de Marruecos en poder de Francia después de la I Guerra Mundial. Debilitados y con muchas ciudades -como la importante Casablanca- dudando aún de en qué bando quedarse, apoyaban a los movimientos de resistencia en Europa.

Conspiradores, espí­as, refugiados, ladrones y gentes de oscuro pasado se mezclaban con avanzadillas nazis e individuos tan hábiles como para no mojarse bajo un chaparrón; gente como Rick, el dueño de un turbio café de Casablanca -el local nocturno más popular de la ciudad-.

Así­, muchos ojos en la Europa ocupada miraban con esperanza o desesperación hacia la libertad de las Américas. Lisboa era el más importante punto de partida, pero no todos podí­an acceder allí­ directamente y así­ se formó una tortuosa y accidentada ruta de refugiados: de Parí­s a Marsella; a través del Mediterráneo hasta Orán; luego por tren, automóvil o a pie por el borde de África hasta Casablanca, en el Marruecos francés. Aquí­ los afortunados con dinero, influencias o suerte obtení­an visados para Lisboa. La antesala del nuevo mundo. Pero los otros esperaban en Casablanca.

Sólo una pelí­cula puede hacernos desear que nuestro labio superior quede paralí­tico, que si alguien nos pregunta nuestra nacionalidad respondamos “soy borracho” o fumar cigarrillos negros de picadura tan gruesa que nos dejen ramas de tabaco en la boca.

El llamado séptimo arte es un compendio de los demás, tan complejo que muy pocas veces llegan a fundirse convirtiendo a los personajes en reales y a las historias en eso, sólo historias. No nos planteamos entonces que alguien las escribió, las dirigió, interpretó o montó. Naturalmente muchos profesionales colaboraron para dar forma y un ritmo a cada plano, y el mismo Humphrey Bogart sólo fingió amar a Ingrid Bergman. ¿Pero a alguien le importa eso? ¿Se atreverí­a alguien a llamar machista al guionista cuando la chica pidió a Rick que pensara por ella? Incluso la idea de pasar por un campo de concentración toma un cariz atractivo, romántico, como el feliz Parí­s aún no ocupado por Hitler.

Casablanca nos sumerge en un universo negro en el que reina “un sentimental” con el corazón roto y lleno de cicatrices. Un lugar en el que viven hombres que conocen el poco valor de sus vidas, dispuestos para entrar en el infierno por la puerta grande.

Rick´s lleva el irónico apellido de “Café Americain” cuando evidentemente nadie jamás bebió allí­ nada que no fuera capaz de arder. También hay bellas mujeres como una joven despechada por Richard o la recién casada que pasarí­a la noche con un funcionario corrupto e idealista -qué deliciosa combinación- a cambio de dos visados para ella y su joven marido. Gente que cierra tratos en voz baja, y un humo tan espeso que no deja ver, por suerte, la fauna de nazis, miembros de la resistencia, turistas estúpidos y ladrones que pueblan el local.

El cí­nico y solitario Rick consigue dos salvoconductos para abandonar Marruecos. Llega entretanto a Casablanca el mayor alemán Strasser -Conrad Veidt-, al cual el jefe de la policí­a, el capitán Renault -Claude Rains-, complace de todas las formas posibles, incluso deteniendo a un lí­der de la resistencia checa, que llega a Casablanca acompañado de Ilsa -Ingrid Bergman-, una antigua amante de Rick que le abandonó en Parí­s sin darle explicaciones. Rick sigue resentido con ella, aunque cambia de actitud al conocer el motivo por el cual se marchó de su lado. Los dos planean salir juntos de Casablanca utilizando los salvoconductos que tiene Rick. Pero poco más puedo escribir sobre Casablanca y el “Rick’s, Café Americain”.

Sólo mencionaré una cosa más sobre Rick: lleva dentro la cualidad sin nombre de los hombres inteligentes que han vivido demasiadas calamidades; no necesita que nadie le reconozca; y -aunque es una gran mentira- “jamás se jugará el cuello por nadie”

Mientras el tiempo pasa

Recuerda todo esto,

Un beso es sólo un beso,
Un suspiro es sólo un suspiro,
Las cosas fundamentales se juntan 
Mientras el tiempo pasa.

 

Y cuando dos amantes se cortejan,
Todaví­a dicen “Te quiero”.
En eso puedes contar con que
No importa lo que trae el futuro

 

Mientras el tiempo pasa.

Pelí­cula considerada una de las clásicas de la historia del cine. El productor Hal B. Wallis querí­a aWilliam Wyler para dirigirla, pero después de barajar varios nombres, el director de origen húngaro Michael Curtiz fue el elegido, y comenzó el rodaje de lo que iba a ser una pelí­cula destinada principalmente a la propaganda antinazi. Acerca de la realización de la pelí­cula circulan numerosas historias, entre las cuales está, por ejemplo, la que dice que Ingrid Bergman no supo hasta el último momento con cuál de los dos hombres se quedarí­a.

La música corrió a cargo de Max Steiner y Sam -Dooley Wilson- canta acompañado por su piano una de las canciones más recordadas de la historia del cine, As Time Goes By -El tiempo pasará-. La pelí­cula está ambientada en el Marruecos francés en plena época de la II Guerra Mundial.

En los EE.UU., por su popularidad, Casablanca es conocida como The Movie -La Pelí­cula-. Asimismo, suele aparecer en los primeros puestos de diversas “listas de los mejores filmes”, sobre todo si éstas proceden de los EE.UU.

Casablanca junto a Lo que el viento se llevó han sido las pelí­culas del cine clásico que cuentan con más variedad de carteles sobre la misma; ello es debido a su gran comercialización internacional.

Obtuvo 3 Oscars: mejor pelí­cula, mejor guión y mejor montaje.

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