Conrad Veidt.

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"Veidt no pertenece a aquellos que actúan en un arte, sino a aquellos cuya propia presencia es ´arte´"
 (Béla Balász).

Nació con el nombre de Hans Walter Conrad Veidt en Potsdam, cerca de Berlín el 22 de enero de 1893. Mal estudiante, se graduó en Berlín siendo el último de su clase. Su primera vocación fue la de médico. Gracias a su tenacidad logró ingresar en la compañía de Max Reinhardt y desde 1916 hasta su muerte (en 1943) participó en unas cien películas, muchas desaparecidas. Su primer papel en una película famosa en el cine expresionista fue el de Césare, un asesino sonámbulo, en El gabinete del Doctor Caligari (1919), una de las cintas más influyentes del cine mudo, así como El hombre que ríe (1928), de Paul Leni, en la que interpretaba a un artista de circo desfigurado. "Las Manos de Orlac" (1924), de Robert Wiene, "Nju" (1924), de Paul Czinner o "El Estudiante de Praga", de Henrik Gaalen -director de la famosa "El Golem" (1915)- son otros títulos míticos del cine alemán de la época donde Conrad Veidt tuvo un papel importante o de protagonista. También colaboró con el gran director F.W. Murnau en cinco filmes, donde podemos ver al actor interpretando, entre otros, el papel de Satanás en una serie de episodios sobre el diablo.

Si bien es un film mucho menos conocido, cabe destacar asimismo su interpretación del protagonista en "Anders als die anderen"1 ("Diferente a los demás") (1919), de Richard Oswald, la cual ocupa un lugar especial dentro del cine de temática homosexual, ya que se trata de la primera cinta que, gracias a la relajación de la censura en la Alemania de la República de Weimar, puede abordar este tema, tabú en aquella época. Con este director colaboraría en una veintena de cintas, entre las cuales destaca otra sobre un tema "comprometido", Dürfen wir schweigen? ("¿Podemos callar?") (1926), sobre la sífilis.

En 1927 viaja a Hollywood en respuesta a la llamada de John Barrymore para que hiciera el papel del Rey de Francia en The Beloved Rougue, pero el advenimiento del sonido le hizo regesar a su país porque su fuerte acento alemán limitaba sus posibilidades en Estados Unidos.

Se opuso fervientemente al régimen nazi, el cual, por otra parte, siempre miró con recelo a este declarado amigo de los judíos. Goebbels, consciente de la enorme popularidad de Veidt -fue el segundo actor mejor pagado de Alemania después de Emil Jannings, a quien Veidt admiraba y consideraba su mayor rival y opuesto a Veidt en muchos aspectos- intentó ganarle para la causa nazi o, al menos, retenerle en el país, pero tras su interpretación como el "judío Süss" en la película británica del mismo nombre, abandonó su empeño y el actor descendió inmediatamente a la categoría de "persona non grata". La prensa oficial le dedicó estas palabras:

"Conrad Veidt ha sido recompensado por esta traición a su patria, con el elogio del pueblo judío. Por ello ya no es humanamente digno de que ni tan sólo un dedo se mueva en Alemania para alabarle." (Völkischer Beobachter 1934)

Logró escapar de Alemania en 1933, cuando descubrió que la Gestapo planeaba asesinarle, con su tercera esposa Lily Prager, judía -acababa de divorciarse en 1932 de Felicitas Radke, madre de Viola, su única hija-. Se asentó en Gran Bretaña, donde continuó haciendo películas, entre las que destaca El ladrón de Bagdad (1940), de Michael Powell, con quien también rodó "El Espía Negro" (1939) y "Contrabando" (1940).

En 1933 protagonizó un conocido incidente diplomático entre Alemania y Gran Bretaña. Por exigencias de un contrato, se vio obligado a regresar a su país para el rodaje de Guillermo Tell, los nazis intentaron entonces retenerle en el país. Muchos temieron entonces por su vida, aunque finalmente el las autoridades británicas consiguieron resolver la situación.

Más tarde fue a Hollywood, donde hizo películas como Un rostro de mujer (1941) o "Agente Nazi"(1942), de Jules Dassin, aunque su papel más recordado de esa época es el del agente nazi Heinrich Strasser en Casablanca (1942).

Murió el 3 de abril de 1943 a causa de un infarto mientras jugaba golf en Los Ángeles.

La fama de Veidt durante los años de la guerra no se debió exclusivamente a su labor como actor. Donó parte de su sueldo y de su patrimonio para ayudar al esfuerzo bélico de los Aliados. Se distinguió desde sus comienzos por la defensa de los derechos de los homosexuales, las mujeres y los judíos y, tras el advenimiento del nazismo, por su beligerancia antinazi.

Otra faceta poco conocida y menos importante de Veidt es la de director-productor. "La Noche en Goldenhall" (1920) y "Locura" (1919) son sus dos únicas películas tras las cámaras -y ante ellas, porque se reservó el papel principal.

Veidt puso la voz a una canción para la película F.P.1 (1933), titulada "Where the Lighthouse Shines Across the Bay". No tuvo éxito entonces, pero se convirtió en un éxito en el Reino Unido en los años 80. El disc-jockey Terry Wogan la puso en su programa matutino por una petición, y a partir de entonces le llegaron muchas otras pidiendo oírla de nuevo.

]Conrad Veidt habla de sí mismo

"Soy un convencido espiritista y un medium muy bueno, y siempre desde que era joven he conocido lo que puede hacer el poder de la sugestión. En mi vida ha sido capaz de hacerlo todo, artístico y humano. Yo he puesto todo el alma y el corazón en las cosas y sé que gran parte de mi éxito es debido a esto. Esa es la razón, por ejemplo, de que una gran parte como Cesare en "El Gabinete del Dr. Caligari" me excitase tanto."

"Creo que deberíamos rezar más, porque cuando rezamos siempre lo hacemos por algo bueno."

"No tengo ideas falsas de mi arte. Soy lo que ha hecho de mí el público y, consecuentemente, no es posible que olvide mi deuda con él".

"No soy sino un pobre actor que se pavonea y consume su tiempo sobre el escenario y luego ya no es escuchado".

"Mi mayor gozo es vivir una parte realmente grande, incluso aunque ello suponga un gran esfuerzo. Un artista está cansado pero orgulloso cuando ha creado una gran obra de arte. Así sucede con el actor que vive un gran papel y está orgulloso de la parte que ha interpretado".

"Yo nunca fui un villano en el escenario. Siempre interpreté tipos fuertes y simpáticos. Mi primer papel con una parte hablada en el teatro fue, lo crea o no, un cura. No fue hasta que no empecé a actuar en películas cuando los productores y directores me vieron ante todo como un extraño villano. Yo estaba contento de interpretar tanto "the good guy" (el tipo bueno) como "the bad guy" (el malo) como dicen en América en argot, mientras el papel y el guión exigiesen abundancia 

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