Conspiración de silencio.

Publicado en por CINE MIO

John Sturges 1955


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Se amordaza el linchamiento, y lo poco que conocemos de la amistad entre el manco John Macreedy (Spencer Tracy) y un japonés apenas nos permite movernos entre conjeturas, reminiscencias acaso provocadas por tantas películas sobre la Segunda Guerra Mundial. Nos sorprende la pericia con que Macreedy, como el hábil maestro de una milenaria arte marcial, se enfrenta a los habitantes de Black Rock. Hombres rudos encarnados por tres actores de las viejas películas: Lee Marvin, Robert Ryan y Ernest Borgnine. Villanos hartos además de tantos forasteros tras un Oeste en descomposición.


Donde el ferrocarril pasa siempre de largo, ahí transcurre Conspiración de silencio (Bad day at Black Rock). La primera parada en cuatro años, corre 1945 y el mundo —ay— ya no volverá a ser el mismo. La Historia silenciando vidas mínimas donde las pasiones se intuyen más que revelan. Como la del imperturbable Macreedy agazapado tras su frágil y lisiado aspecto. No presenciamos el linchamiento ni la venganza; sólo la expiación —somos lo que perseguimos, dice alguien— frente a la que se alzan muros de silencio, inexpugnables frente al más contumaz asedio.

 

Lejos del panfleto, Sturges hace resonar los ecos de un terremoto mundial en un inhóspito pueblo, un retumbar que despierta los más aletargados instintos. Y nos arrastra con ritmo implacable y cuelga de paso otra pieza en la galería de antihéroes. El débil frente al nitzscheano hombre guerrero. La derrota de la épica a manos de la más atroz realidad. Se pone el sol y los westerns comienzan a retorcerse, se sacuden la inocencia. Es difícil, díganme si no, mirar hacia una pantalla cuando la rueda de la Historia chirría. Para eso están las películas bien engrasadas.

Fuente: Dos cabalgan juntos-Publicado por C. V. Moure

  GODOJOS - (Zaragoza)

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