Cowboy.

Publicado en por CINE MIO

COWBOY

(Delmer Daves, 1958)

 

Amarga y desmitificadora. Ya desde el comienzo, unos inusuales títulos de crédito de Saul Bass, intentan poner un punto y aparte. En una larga secuencia en un hotel —casi veinte minutos— se recrean vaqueros a disgusto con la vida errante y pobre en comodidades, y que con desenvoltura disfrutan de una ópera, de lujosas habitaciones y de casi cualquier ostentación. En ese mismo hotel, una partida de póker obliga al marchante de ganado Tom Reece (Glenn Ford) a admitir como socio al recepcionista Frank Harris (Jack Lemmon), quien se erige entonces en correlato del Van Heflin de El tren de las 3:10 o del Ernest Borgnine de Jubal, esto es, del hombre familiar y sedentario, aquí en realidad un mero atisbo de esa posibilidad. 

La fotografía de Charles Lawton Jr contrasta en su tono desvaído con la opulencia de los interiores de hotel con que arranca y concluyeCowboy; un western en ruta por lo demás, en el que al viaje físico se suma un itinerario de aprendizaje y desencanto. Que aun no hubiera sido firmada el acta de defunción del western —¿El último pistolero?— antes de convertirse en un género casi espectral, y que restaran además un puñado de obras maestras, no impide que uno tenga ésta película como una de las más tristes del cine del Oeste, casi tanto comoEl Dorado, otro western desmitificador todavía de raíces clásicas. El compañerismo y la lealtad ausentes, la falta de cualquier épica en el trabajo de ganadero, la pesadumbre soterrada de esos cowboys entregados a una ocupación sucia durante semanas apenas compensadas por unas horas de póker y mujeres y whisky.


La edad de oro del western americano —desde La diligencia hasta los sesenta— se corresponde seguramente con las décadas de mejor cine. Listas inagotables de joyas por disfrutar, y un amplio elenco de directores que capaces de conjugar —algo hoy milagroso— su servicio a la industria con una obra personal y reconocible. Todo parecía más sencillo en películas como Cowboy, donde Daves ofrece un ejemplo de síntesis —un viaje de semanas en apenas hora y media— y formidables momentos de narración elusiva; se muestran así los comportamientos más sombríos (la pelea entre Ford y Lemmon cuando el primero rechaza ir al rescate de un compañero) o bien se deja a la imaginación el retrato del dolor, apenas un reflejo, como ya al desenlace con la noticia de una muerte que, como ocurre tantas veces en la vida, parece clarificar conversaciones y miradas anteriores, palabras tenidas por vacuas, apenas escuchadas.

Fuente: Dos cabalgan juntos-Publicado por C. V. Moure

  GODOJOS - (Zaragoza)

 

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