EL HOMBRE DE LARAMIE.

Publicado en por CINE MIO

Anthony Mann

Intérpretes: James Stewart, Arthur Kennedy, Donald Crisp, Cathy O’Donell, Alex Nicol, Aline MacMahon

 

Un comerciante poco dado a hacer amistades recorre en la década de 1870 parte de los condados recientemente arrebatados a los guerreros apaches, lo que hace de él un extraño ejemplar de aventurero, en apariencia poco apegado a la vida. En su continuo cabalgar, este hombre lleva suministros y noticias a Bárbara, la atractiva dueña de un salón enclavado en una de las zonas más peligrosas del estado, lo que sin él saberlo le ocasiona la enemistad del primo de la chica, un joven sediento de poder, hijo de una familia de terratenientes que no duda en vender armas a los apaches con tal de demostrar a los suyos que él también sabe cómo hacer fortuna.

 

El hombre de Laramie llega al pueblo con un objetivo: encontrar al hombre que le vendió los rifles a los indios que asesinaron a su hermano. Entre los sospechosos se encuentran un arrogante hacendado, su despiadado hijo y el capataz de su rancho. Será arrastrado por el campo en llamas, tiroteado y hasta acusado de un crimen que no cometió. El hombre de Laramie fue uno de los primeros westerns rodados en CinemaScope; la nueva tecnologí­a de pantalla panorámica se aprovechó para resaltar la majestuosidad de esta pelí­cula.

Dentro de las lí­neas argumentales más famosas y recurrentes del western clásico, aquel que mantiene intacta la delimitación entre buenos y malos sin entrar en disquisiciones filosóficas o en ambigüedades al estilo de las pelí­culas dirigidas a partir de los sesenta por Sam Peckinpah, pocas han dado tanto juego como la ambición desmedida de los comerciantes ávidos de riquezas que no dudaban en poner en peligro el frágil equilibrio de la paz y la integridad fí­sica de los miles de pioneros que poco a poco iban poblando los territorios recién conquistados a los pieles rojas con tal de ver aumentada su cuenta de beneficios. No es de extrañar, por tanto, que ésta sea una de las caracterí­sticas más recordadas de El hombre de Laramie, por lo demás correcto de principio a fin, que ofrece uno de los mejores trabajos del tándem formado por Anthony Mann y su actor fetiche, James Stewart, y que cuenta, además, con el trabajo a cargo del guión de Philip Yordan, autor entre otros ejemplos del género tan memorables y cercanos en el tiempo comoJohnny Guitar.

 

Qué ritmo tan pausado y, sin embargo, qué intensidad en las miradas de los actores, en sus voces y en la forma de ir descubriendo poquito a poco los pasados de cada uno, sus miedos, sus envidias, sus desencantos… Y es que se trata de personajes maduros (y madurados), no de pistoleros infalibles, ni de chulos fascistas, ni de saltimbanquis, sólo de personas que se enamoran contra su voluntad, que afrontan la vida de formas diferentes, que no son ni guapos ni feos.

Un ejemplo de la madurez de este director es la forma de afrontar la historia de amor en el western. En este caso es romántica y delicada, pero es presentada de tal manera que el desenlace, sea cual sea -por supuesto no voy a desvelarlo aquí­-, sólo puede terminar en tragedia.

Otro ejemplo, que a su vez es el rasgo distintivo de esta pelí­cula -y de alguna otra de este director-, es el gran protagonismo de la intriga. En el pueblo comienzan a pasar cosas raras, se ciernen numerosas amenazas sobre Will, pero tardaremos en saber claramente de dónde y potr qué vienen. Y no sólo la intriga se presenta en los rasgos más evidentes, sino también en la propia historia romántica, en el posible pasado militar de Will y en la misteriosa venta de las armas a los indios.

Y al que prefiera las peleas, sólo le diré que aquí­ hay una cortita pero impresionante que prácticamente transcurre entre las peligrosas patas de los caballos y del ganado bovino.

ANTHONY MANN

Godojos ( Mi Pueblo)09

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