El honor del capitan Lex.

Publicado en por CINE MIO

André De Toth, 1952

El honor del capitan Lex.
 

 

Cuando podría esperarse un western más o menos convencional, De Toth construye uno bien atípico, no ya por su alambicado hilo argumental sino por erigirse en singular película de espionaje, intrigas y agentes dobles, armas secretas y casi todo lo que en una de espías quepa imaginar. El capitán Lex (Gary Cooper) opta por una resolución prudente en su combate contra una banda de ladrones de caballos que aprovisionan al ejército sudista. Un consejo de guerra nos pone en antecedentes sobre su valía militar y su carácter. Algo no encaja. Gary Cooper borda al consternado protagonista, un hombre a quien su conducta lo separa de su familia, mujer e hijo, y de su profesión.

Con El honor del capitán Lex (Springfield Rifle) estamos ante un western de espionaje, pero también ante una película bélica —esto sí habitual en tantas del Oeste—, así se aborda la camaradería y la rectitud en el seno de la reglada vida militar. Además la raíz bélica se acentúa por la importancia del armamento como dilucidador de la trama. El arma no es tanto el rifle springfield del título original —el mismo que quintuplica la eficacia de cada soldado— como el contraespionaje y la información. La información en la guerra, en definitiva, puede ser más terminante que la más poderosa de las armas y contribuir a la derrota del adversario, si bien su empleo u obtención —como en tantas películas hemos visto— puede poner en un trance al agente, al espía.


De Toth no es un director digresivo a la manera fordiana, y el peso del argumento en sus westerns no suele ser desdeñable; sus protagonistas además no es extraño que se muevan con soltura en dos frentes —ocurre aquí pero también en los que quizá sean sus logros mayores:Pacto de honor y 
El día de los forajidos— sin dejar de deberse a una moral por encima de los maniqueos enfrentamientos que los envuelven y azoran. Un western de espionaje resulta entonces un terreno apropiado para alguien como De Toth. Además su puesta en escena subraya una distancia emocional que permite observar como si se presenciara un juego, una partida de ajedrez donde apenas se recortara ese distanciamiento en momentos puntuales, acaso cuando está en entredicho no ya el honor del capitán del título o su carrera militar, sino el orgullo y el afecto que pueda profesarle su familia.

Fuente: Dos cabalgan juntos-Publicado por C. V. Moure


 

 

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