EL JOROBADO DE NOTRE DAMME.

Publicado en por CINE MIO

GODOJOS - (Zaragoza)  

 

William Dieterle.

Intérpretes: Charles Laughton (El jorobado), Sir Cedric Hardwicke (Frollo), Thomas Mitchell(Clopin), Maureen O’Hara (Esmeralda, Edmond O’Brien (Gringoire)

 

La gitana Esmeralda llega a parí­s para interceder ante el rey en nombre de su pueblo, justo en el momento en que el campanero Quasimodo es coronado “Rey de los Tontos”. La belleza de la gitana hace que el arcediano Claude sefije en ella y enví­e a Quasimodo para raptarla. Proebus, el capitán de la guardia, la rescatará, pero posteriormente morirá apuñalado por el arcediano, que hará torturar a Esmeralda con objeto de que se confiese autora del crimen. Condenada a morir en la horca, la salvará la intervención de Quasimodo, que le ofrecerá refugio en la catedral de Ní´tre Dame de Parí­s. A pesar de hacer uso de todo su ingenio y agilidad para protegerla, Quasimodo, finalmente, muere; sin embargo, Esmeralda consigue salvarse y reunirse con su amante, el poeta gitano Gringoire.

Algunos de los realizadores y operadores que emigraron de Alemania y Austria a raí­z del ascenso del nazismo siguieron fieles a la estética con la cual habí­an crecido: el expresionismo. Entre estos se encuentran Edgar G. Ulmer o Robert Siodmak (siempre aferrados a la producción de serie B, sobre todo el primero). Otros, sin embargo, se adaptarí­an a los modos del cine norteamericano, aportándole algunas de sus obras cumbre, como Fritz Lang o Billy Wilder. William Dieterle es un caso sin parangón dentro de este panorama.

Dieterle, avalado por su amplia experiencia como actor y director teatral, aprovecharí­a esos claroscuros, pero no con intención de inquietar, más bien para crear una poética de lo insólito coronada por su extraño concepto de la belleza. Buena muestra de ello es Esmeralda la Zí­ngara, o Jennie (1948).

Para el rodaje de Esmeralda… se aprovecharon los decorados de una adaptación anterior de la obra de Victor Hugo, El jorobado de Nuestra Señora de Parí­s (1923), de Wallace Worsley, con Lon Chaney, “el hombre de las mil caras”, como maestro de ceremonias.

 

En la versión de Dieterle (que data de cincuenta años antes de que la Disney convirtiera a Quasimodo en una domesticada mascota), el papel del jorobado recae sobre el glorioso Charles Laughton, y Esmeralda es encarnada por Maureen O’Hara. Incluso en breve papel tenemos a Fritz Leiber padre… Esmeralda la Zí­ngara presenta, ante todo, un “amuor fou” en melodrama tremendo que ensalza, por un lado, la belleza interior del torturado Quasimodo, y, por otro, la belleza, tanto interior como exterior, de Esmeralda.

 

El filme denuncia el ostracismo sufrido tanto por el deforme Quasimodo como por los gitanos; en definitiva, defiende al diferente, tal y como hiciese Tod Browning en Freaks. La parada de los monstruos (1932) o, décadas después, David Lynch con El hombre elefante (1980), o Tim Burton con Eduardo Manostijeras (1990) o Ed Wood (1994).

Una secuencia para el recuerdo, como testimonio del patetismo que Charles Laughton sabe insuflar a su personaje, es cuando a Quasimodo le atan en la picota y, después de haberlo flagelado, éste, aún atado, suplica por un poco de agua. Estremecedor. Todo ello, retratado en un blanco y negro que otorga vislumbres pictóricos tanto a la bella reproducción de la catedral de Parí­s como a las almas -ora oscuras, ora brillantes- de los personajes.

A pesar de haber sido llevada a las pantallas en numerosas ocasiones, la adaptación cinematográfica más ingeniosa y recordada de la novela de Victor Hugo es esta espléndida producción que hizo la RKO en 1939 con William Dieterle en la dirección.

Charles Laughton se sometí­a a cinco horas de sesiones de caracterización necesarias para la lastimosa deformidad del cuerpo del jorobado Quasimodo. El actor hizo una interpretación de una delicadeza conmovedora, además de hacer toda una exhibición de agilidad fí­sica, mientras corretea por lo alto de la torre de la catedral, vierte aceite hirviendo sobre la multitud que se apresta al ataque o se lanza por los aires, como si se tratara del mismí­simo Tarzán, para acudir al rescate de Esmeralda. La falta de belleza fí­sica que siempre acongojó a Laughton debió llevarle a transmitir a su personaje parte de su tormento personal; esto, unido a las agotadoras condiciones en que se realizó la pelí­cula y a sus propias emociones con el estallido de la I Guerra Mundial, sin duda contribuyeron de forma determinante a convertir esta actuación en una de las más brillantes que jamás se han visto en pantalla. Sorprendentemente -o tal vez no-, ni siquiera fue aspirante para el premio al mejor actor, un año en que sí­ lo fue Mickey Rooney por su interpretación en ¡Los hijos de la farándula! Sin comentarios.

Otras versiones

- Entre las muchas que existen: La Esmeralda (1905, Alice Guy), Francia; Ní´tre Dame de Paris(1911, Albert Capellani), Francia; El jorobado de Nuestra Señora de Parí­s (1923, Wallace Worsley) EE.UU.; Nuestra Señora de Parí­s (1956, Jean Delannoy), Francia-Italia; Nanbanji no semushi-otoko (1957, Torajiro Saito), Japón; El jorobado de Notre Dame (1982, Michael Tuchner, 1982; telefilme), EE.UU.; El jorobado de Ní´tre Dame (1996, Gary Trousdale, Kirk Wise), EE.UU.-Hungrí­a; El jorobado de Ní´tre Dame (1997, Peter Medak, telefilme) EE.UU.; Quasimodo d’El Paris (1999, Patrick Timsit, 1999), Francia.

 

Etiquetado en Mis Clásicos.

Comentar este post