EL SARGENTO NEGRO.

Publicado en por cinemio



El juicio comienza. El abogado defensor, un joven teniente llamado Cantrell está presente. También el fiscal (capitán Shattuck). El coronel Fosgate preside el tribunal. Las mujeres de los oficiales y gente del lugar llenan la sala. La tesis más profunda de esta película empieza a tomar cuerpo: la lógica inflexible del ejército, la escasa honorabilidad del tribunal (un grupo de oficiales medio borrachos que llaman al whisky “agua” y que aprovechan los descansos para jugar a las cartas), el racismo del fiscal, la crueldad de una institución blanca -el ejército- hacia los negros y el frivolidad con que los civiles acuden al juicio.


Ford utiliza la barandilla que separa al público para delimitar el proscenio, una técnica muy usada por John Ford (especialmente mediante vallados de estacas, muros de piedra, etc). Dos soldados, de pie del lado del público, ayudan a dar profundidad a la mirada del espectador:

      El presidente manda llamar al preso. Acude el sargento Rutledge, escoltado. El elegido para interpretar este papel es Woody Strode, el negro de John Wayne en ‘El hombre que mató a Liberty Valance’ y uno de ‘Los profesionales’ de Richard Brooks. Vean la actitud honorable del sargento Rutledge y observen también que le escoltan dos hombres blancos. Todo el tribunal que le juzga lo es. Sin embargo, el 9º de Caballería es un regimiento con un gran número de hombres negro, como veremos más adelante.

      El testigo principal de la defensa en la señorita Mary Beecher. Ella será la que cuente en un flashback los principales hechos de la historia. Interrogada por el capitán de la acusación, Mary es envuelta en la penumbra por Ford para hacer la transición a los acontecimientos pasados:

      Todo comienza en un viaje en el tren. Mary vuelve a casa tras muchos años. En el tren se encuentra el teniente Cantrell. Esta pequeña escena de interiores es puramente fordiana. Su capacidad para encuadrar en salas de escaso tamaño, recogiendo cada detalle y organizando la acción es limpia y efectiva:

      El tren llega a la estación donde baja Mary. Parece que no hay nadie. Los hombres echan un vistazo y Mary mira por la ventana. Otra vez nos encontramos ante fotogramas de una belleza sensacional.Me gusta la facilidad con que rueda Ford, su gran capacidad de planificación. Cámara aquí, toma buena. Cámara allá, toma buena. Todo sirve, porque lo ha estudiado de antemano y sabe que va a quedar bien. El tren parte. El teniente -que ha empezado a seducir a Mary- sube corriendo. Mary se queda sola en la estación, semioculta entre el humo del tren que se aleja. Cuatro fotogramas notables; de nuevo las sombras, las nieblas, los ambientes ominosos:

            Bien, Mary descubre muerto al jefe de estación. Aparece el sargento Rutledge. Llegan unos apaches y hay una lucha. Poco a poco vamos conociendo pistas que apuntan a la culpabilidad de Rutledge, aunque hasta el sexto flashback ni siquiera sabemos de qué se le acusa. Esto no hace sino acrecentar la injusticia y la ceguera. ‘El sargento negro’ no es una película de suspense al uso. Hay demasiada subjetividad en los relatos de los testigos. Hay hechos que se cuentan y que ellos no pudieron ver.

De vuelta a la sala de juicios. El teniente interroga a su testigo. Rutledge parece juzgado de antemano. Observen cómo el capitán de la acusación (a la izquierda, detrás de Mary) ni siquiera presta atención. La presidencia del tribunal aguanta las acometidas de Cantrell.

      Pasan más testigos que hablan sobre lo que vieron la noche de los asesinatos. El capitán de la acusación llama para interrogar al teniente Cantrell. Entre ellos dos tendrá lugar un duelo. Cantrell cuenta cómo sale del fuerte con la misión de apresar a Rutledge, que es ya sospechoso. Parte con un grupo de soldados de su regimiento. Negros en su gran mayoría. Estos hombres, que conocen el valor y la calidad humana del sargento, se debaten entre su amistad para con él y el cumplimiento de las ordenanzas. La grandeza del soldado frente al deshumanizado orden impuesto por la estructura militar. Cito a Tag Gallagher, que en su libro sobre John Ford lo expresa así:

      ‘El sargento negro’ recupera un tema planteado, entre otras películas, por ‘El sol siempre brilla en Kentucky’, ‘Cuna de héroes’ y ‘Centauros del desierto’: la hostilidad de una sociedad militarista respecto de todo lo que no esté bajo la férula de su tiranía moral. Pocas películas retratan el «orden» con tanto desagrado y al estamento militar con tanta repugnacia. Los blancos llevan en su interior una violencia que disfrazan de orden; ignorada por ellos, la proyectan en la tierra que tratan de dominar -el hostil e inhóspito paisaje de piedras árida, roja como los indios que devuelven golpe por golpe, como si fueran la propia rabia del insconsciente blanco- y la proyectan en los negros a quienes dominan.

Sigue el interrogatorio a Cantrell, que cuenta cómo tratan de llegar al rancho de la señorita Beecher, huyendo de los apaches y llevando al prisionero. Salimos a exteriores. Paisaje, caballos, indios. Ford esto se lo sabe, y produce más y más hermosas secuencias, aún cuando la naturaleza tiene un uso distinto aquí. Se produce un encuentro con los indios. El teniente manda hacerles frente, en un plano que recuerda a John Wayne en ‘La diligencia’, con su rifle.

 

Termina el combate. La patrulla está apenada, no solo por los heridos, sino porque el juicio del querido sargento Rutledge parece más cerca que nunca. Pasan la noche junto al fuego. El teniente habla con Mary. Los soldados cantan la canción del capitán Buffallo (la que suena al inicio de la película). El teniente le cuenta a Mary cómo los soldados se la están cantanto al sargento, para mostrarle su respeto y darle ánimos. «Más alto que una secuoya», le dicen. Una vez más, el canto (sustituyendo al baile en este contexto marcial y masculino) hace comunidad en las películas de Ford. Y aquí la verdadera comunidad es la de los negros que se apoyan mutuamente y se defienden de la rabia del ejército.

El sargento Rutledge, consciente de su futuro, piensa, recortado contra la luz de la luna. Nos acercammos a él en una serie de planos. Es un héroe fordiano con el alma rota. Él fue esclavo y quedó libre. El 9º de Cabellería fue su casa y ahora está destinado a volver a ser un esclavo. A ser juzgado injustamente, como un esclavo. Woody Strode quedó encantado con esta película: «Tenía dignidad. John Ford puso palabras clásicas en mi boca. Antes, jamás se había visto surgir a un negro de una montaña como si fuera John Wayne».

 El consejo de guerra se acerca a su final. Llegan nuevas pruebas, el teniente Cantrell lucha hasta el fin por salvar al sargento Rutledge. Me quedo aquí, para no estropear nada a nadie que no haya visto esta recomendable cinta. Una mezcla entre el drama judicial de John Grisham y una buena peli de vaqueros. Quédense con la hermosura de los fotogramas que he seleccionado y con la importancia del tema que trata.

Me encanta esta forma de hacer cine, que logra sacar fuerzas de flaqueza y aportar algo tan bueno a una historia sencilla. El talento de los grandes directores, junto al de los grandes técnicos, hacen posible estas cosas. ‘El sargento negro’. El soldado ejemplar. El negro entre los blancos. Un alegato de John Ford contra la irracionalidad del ejército y a favor del valor de los hombres. Otra vez más, Ford cuenta la verdadera historia de un tiempo de leyendas.

  

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