IRMA LA DULCE.

Publicado en por CINE MIO

IRMA LA DULCE

 Billy Wilder

Intérpretes: Jack Lemmon (Nestor Patou/Lord X), Shirley MacLaine (Irma la Douce), Lou Jacobi(Moustache), Bruce Yarnell (Hippolyte), Herschel Bernardi (Inspector Lefevre), Hope Holiday(Lolita), Grace Lee Whitney (Kiki el Cosaco), Paul Dubov (Andre), Cliff Osmond (Sargento), Diki Lerner (Jojo), Herb Jones (Casablanca Charlie), Ruth Earl y Jane Earl (Hermanas Zebra)

En un distrito humilde, el mercadillo al por menor de Les Hayes, de la corrompida ciudad de Paris, se narra esta entrañable y maravillosa historia digna de figurar entre las mejores comedias de todos los tiempos.

Cuando Nestor Tatou es convencido por el barman de origen rumano Moustache de que su fallo en la vida es tener una mentalidad de pequeño burgués, tratará de pasarse por todos los medios al otro lado del mundo, el de la ilegalidad encarnando a un proxeneta o agente representante de Irma La Douce (MacLaine), una solitaria prostituta siempre a cuestas con su perrito y su traje verde trajinándose a sus clientes en el hotel Casanova sito en la calle del mismo nombre.

 

La pelí­cula narra la historia de Irma “La Dulce” (Shirley MacLaine), una puta de Parí­s asqueada de su chulo y de su trabajo. Irma conoce a un policí­a (Jack Lemmon) que termina enamorándose de ella y se convierte en su protector. Los celos le conducen a convertirse en su único cliente, el misterioso “Monsieur X”.

Irma, La Dulce (1963) se convierte en uno de los mayores éxitos de Wilder. Sus protagonistas son una pareja ya conocida del Director: Shirley MacLaine y Jack Lemmon. La pelí­cula se concibe como un musical, pero Wilder, poco partidario de la música que enmascara el desarrollo de las historias, terminó por casi anularla.

Las crí­ticas fueron de todos los colores para esta atrevida historia de Wilder, que llegó a ser considera como una inmoralidad. Por ello, junto a buenas crí­ticas que valoraban su calidad de  comedia muy divertida, se pueden leer ataques contra el filme, tachando a la historia de vulgar, monotemática y vergonzosa. Todo ello no pasa de ser una pataleta lamentable de los hipócritas moralistas, puesto que el filme está perfectamente construido y nos presenta una historia bella y amena.

Se pueden resaltar algunas frases y diálogos del filme que quedan como prueba de lo irónico de su planteamiento:

“En este mundo en que vivimos el amor es ilegal, pero el odio no” (el camarero, Lou Jacobi).

“Ser honesto es como desplumar una gallina al viento, te llenas la boca de plumas”. (el camarero, Lou Jacobi).

“La cárcel está llena de inocentes que dijeron la verdad. Difí­cil forma de tener una vida fácil” (el camarero, Lou Jacobi).

O peor aún, tratar de hacer una revisión/reelaboración de una época difí­cil de superar haciéndonos creer que la moda “retro” justifica que no se tenga una mejor actitud para hacer cine en nuestros dí­as. Kate & Leopold (2001, James Mangold), que tras la historia de ciencia ficción ocultaba un tufo a la maravillosa Desayuno con diamantes (1961, Blake Edwards), Lejos del cielo (2002, Todd Haynes) o Abajo el amor (2003, Peyton Reed) son una pequeña muestra de esta crisis. Lo más infame del caso es que la mayorí­a de los nuevos espectadores (ya sea de hueso colorado u ocasionales) desconocen las fuentes originales y por ende el hueco cinéfago es mayor que el de la capa de ozono. Y es que si alguien se atreve a mencionar que es un buen aficionado al cine y desconoce estos y otros nombres y no tiene en cuenta por lo menos una filmografí­a básica, es mejor que se olvide de dicho apelativo.

Los barrios bajos de Parí­s son un nido de ratas, madriguera de la peor clase de escoria. La policí­a local está asociada con los padrotes, amos de la zona, y extorsionan a las prostitutas, vendedores, dueños de locales y al que se deje. En pocas palabras, no existen reglas. Pero eso está a punto de cambiar cuando Nestor Patou -el genial Jack Lemmon, el actor fetiche de Wilder-, un torpe pero bienintencionado policí­a -caracterí­stica de varias de sus interpretaciones- es asignado en dicho sector de la capital francesa. Por supuesto, tanto para sus compañeros como para los padrotes, su llegada resulta todo un problema y estorbo, al ser un elemento incorruptible. GODOJOS - (Zaragoza)

 

 

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