Juntos hasta la muerte.

Publicado en por CINE MIO

Raou


Juntos hasta la muerte.

l Walsh, 1949

 

Responde esta película a un ejemplar intento de hibridación de géneros. Walsh regresó a El último refugio (1941), aunque cambiando el escenario por el lejano Oeste y sin que llegara por completo a desvanecerse el aroma a cine negro del original, adaptación por otro lado de la novela High Sierra de W.R. Burnett. Nadie mejor para tal experimento que quien aquí dirige, acaso el director de género por excelencia en el cine clásico. Un western noir, por tanto. En negro, la manera entreverada y opaca de irse revelando la trama, la femme fatale, el hado en el destino del prófugo Wes McQueen interpretado por Joel McCrea y al fin la imposibilidad de huir de un pasado que parece retornar sin descanso, por supuesto la manera de «atascarse» el último golpe de una vieja banda de forajidos. La utilización de los rocosos paisajes, las secuencia del atraco al tren y además el tiroteo en el desenlace, el liviano rigor en la administración de justicia, puro western.

Más elusivo por otro lado el título original —Colorado Territory— y más ambiguo si se quiere. La Colorado Carson del título es la mujer fatal que interpreta Virginia Mayo, un personaje explosivo que crece según avanza la trama, hasta el punto de erigirse en buena parte del peso en el recuerdo de esta película. La historia de amor, como es habitual en Walsh y en el cine negro asimismo, está encuadrada sin exagerar el enunciado de los sentimientos entre Colorado y el prófugo. La dirección de actores y además la administración de la pasión cabalga por detrás de la historia, eso sí, hasta un final que rompe cualquier contención. Y esa pasión, nacida en apenas un par de tibios encuentros, se vuelve verosímil quizá al entreverse que McQueen y Colorado también comparten la condición de desplazados de cualquier entorno y afecto.


Walsh representa el mejor clasicismo en el cine americano, el punto álgido de una tradición que poco más de diez años después de esta película ya apuntaría manierismos y excesos, y así hasta desembocar en la tantas veces malentendida —por aburrida y vacua— espectacularidad del cine mainstream y global de hoy, con afortunadas excepciones por supuesto. Pero en 1949 la realización cinematográfica se inclinaba por otros derroteros, y como la puesta en escena de esta película no conocía ambages. Me pregunto si todo será que el público ha cambiado. El cine es un entretenimiento caro y para sobrevivir precisa acomodarse al gusto de una mayoría cada vez más necesitada de aparatosas quimeras, una ilusión de sofisticación que nos aparte de nuestro reguero de experiencias, quizá por eso a las películas les cuesta más competir con la vida.

Fuente: Dos cabalgan juntos-Publicado por C. V. Moure

  GODOJOS - (Zaragoza)

 

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