La muerte tenía un precio.

Publicado en por CINE MIO

 

 (Sergio Leone, 1965)


 Apenas un año después de Por un puñado de dólares, con más presupuesto y ahora sobre un guión cortado a su medida, Leone rueda la segunda parte de la trilogía del dólar. Todo gira en torno a un par de cazarrecompensas —Clint Eastwood y Lee Van Cleef, el  Manco y elCoronel— asociados en busca de un forajido conocido como el Indio. Un argumento tan sencillo como eficaz y que le sirve al director para dar rienda a una de sus habilidades: una espectacular puesta en escena.

 Acaso Leone sea uno de los cineastas de la hornada de los sesenta que ha dejado más huella, pero entre él y sus epígonos se recorre demasiadas veces la distancia que va desde el talento al pastiche. Es el riesgo de unas marcas de estilo fácilmente imitables, una invitación al desastre —a la repetición, a la exageración, a la más sospechosa ambición de originalidad— escondida en sus primerísimos planos, en los encuadres rebuscados, en el empleo de la música como contrapunto en ocasiones bufonesco de la narración, en los diálogos secos, a veces casi mudos, en el tiempo dilatado, en la violencia… Demasiadas cosas para al final olvidarse de lo fundamental: una mirada sinfónica, el ritmo interior de la película, y, en definitiva, la conjugación de elementos como piezas de un gran mosaico. Algo que casi siempre falta en quienes son tenidos por sus herederos.

 El propio Leone, en La muerte tenía un precio (Per qualche dollaro in più), en ocasiones parece esconderse con pudor tras su estilo alambicado, en cierta manera como esos personajes caracterizados sin casi pasado, apenas a partir de la fisicidad de sus rostros, de sus gestos, de los silencios. Era ya el caso del solitario interpretado por Eastwood en Por un puñado de dólares. Pero aquí tenemos además a Lee Van Cleef a su lado, un pistolero más reservado, más parco todavía, con mejor puntería y, por si fuera poco, con más pasado en la sombra. Alguien que a ratos lee la Biblia, y que a diferencia de su colega persigue apenas el botín que arroja la venganza, el olvido, para entendernos. Es la mirada de Leone sobre la amistad entre dos hombres fruto de una comunidad de intereses, algo que ya estaba en muchas obras mayores del western, en Dos cabalgan juntos o en Duelo en la alta sierra, entre tantas.

Fuente: Dos cabalgan juntos-Publicado por C. V. Moure

 

 

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