La pradera sin ley.

Publicado en por CINE MIO

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Resulta inolvidable esta película y en especial su protagonista Dempsey Rae, un hombre sin estrella —como refiere el título original— que le sirva de guía, un jinete sonriente siempre y cantarín, y apenas a ratos subyugado por un pasado marcado sobre su propia piel. A Dempsey Rae, convendrá cualquiera tras el disfrute de este excepcional western, sólo podía encarnarlo un actor de carácter escurridizo y aun ambiguo; contemplando a Douglas en no pocas obras maestras —Espartaco, El último atardecer, Retorno al pasado…— tiene uno la impresión de que sus interpretaciones, y el atractivo de las mismas, nace de la aparente indiferencia con que sus personajes afrontan un pasado o un presente que a otros amargaría y haría imposible la vida.

Y ese natural de sus personajes, aquí de Dempsey Rae, otorga si cabe más brío a los pocos momentos en que esa serenidad parece borrarse como la cerrazón que nubla un día de primavera. Esa aplacada indiferencia está presente además en las relaciones entabladas durante sus días al servicio de una ranchera (Jeanne Crain), quien desmiente, por cierto, una vez más —
40 pistolas, Johnny Guitar, Encubridora…— que las mujeres no han tenido su lugar en los grandes westerns incluso con personajes carismáticos. Y tampoco su relación con el joven Jeff (William Campbell) discurrirá por los caminos más previsibles, ni desmentirá por completo su carácter tan complejo y aun opaco. Pero en último término en La pradera sin ley (Man without a star), lo que define a los distintos personajes es su vinculación con la tierra, reflejo de su personalidad más o menos espinosa. 

Acaso sea éste uno de los grandes westerns —de las grandes películas a fin de cuentas—, de los más reconfortantes que un espectador pueda recordar, y ello a pesar de la tragedia desgranada durante su metraje; logro achacable en buena parte a Kirk Douglas, a su fisonomía, a su sonrisa y a su manera de moverse ante la cámara, o aun a la sencillez con que encara un número musical delicioso. Los seguidores de Vidor (que los hay y con razón) pensarán seguramente que otra vez se le escurre el mérito a favor de un tercero, qué le vamos a hacer. Otros nos entretenemos en el recuento de las joyas que Douglas le ha dado al western; y, la verdad, le corresponde un lugar entre sus más grandes intérpretes.

 

GODOJOS - (Zaragoza)


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