LA PUERTA DEL DIABLO

Publicado en por CINE MIO

 

 (Anthony Mann, 1950)


 

 



Que fue mucho más que un director de westerns lo comprueba uno al poco que conozca su filmografía. Ahora bien, a ningún género regreso tantas veces como al cine del Oeste, nada menos que once. Y en ninguna de esas ocasiones patinó ni entregó una película que desmereciera su prestigio. Una de las grandes aportaciones de Anthony Mann fue la de ahondar en las posibilidades del western como vehículo para la tragedia. Así en 
La puerta del diablo (Devil´s Doorway) nos presenta dos posiciones inconciliables, la ley natural frente a la ley del hombre, algo que ya para los griegos antiguos había sido fuente de inspiración.

 El indio Lance Poole (Robert Taylor), héroe durante la Guerra de Secesión, se ve empujado a enfrentarse a los mismos hombres que de algún modo había defendido en las filas yanquis. Ahora es el apego a la tierra, la manera india de entender la relación con la naturaleza, lo que puede resultar aplastado. Lo más sugerente, y en ello tiene buena parte de culpa el trabajo de Robert Taylor, es la compostura que en todo momento exhibe Poole a la hora de proteger el modo de vida del pueblo Shoshone. Una interpretación que a pesar de las limitaciones más evidentes —Robert Taylor no es indio, aunque seguramente la fotografía en blanco y negro y su caracterización ayudan a que nos creamos que sí—, alcanza su punto álgido en el inolvidable cierre de la película.

 En cierta manera y es una idea que aparece también en Yuma de Sam Fuller, el afán belicoso tras el final de la guerra civil se dirige ahora hacia los pueblos indios, con la pretensión acaso de calmar el dolor con más dolor, o simplemente para no echar a perder una maquinaria ya bien engrasada. En ese sentido, es común señalar que La puerta del diablo es uno de los primeros westerns que apoyó la causa india —estrenado, por cierto, el mismo año que Flecha rota de Daves—, pero por mucho que se haya repetido esa afirmación no deja de parecerme errónea, o parcial. Y es que Mann, según avanza la película, no carga tanto el peso de la tragedia en el apoyo a los indios o a su causa, como en las espaldas del protagonista y en su pasado. A fin de cuentas, se trata de retratar el rostro tornadizo de la victoria, como Lance Poole termina convertido en víctima de la paz. Y si el espectador no acaba de compadecerse ante su destino, es porque él, de una manera que sólo explica su mirada, su gesto adusto y erguido, asume las contradicciones hacia las que le ha arrastrado su propia vida.

Fuente: Dos cabalgan juntos-Publicado por C. V. Moure

 

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