Laurence Olivier.

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Su paso al cine le vino por un contrato con RKO, pero sus comienzos no eran lo suficientemente satisfactorios para él, la gran pantalla no sabia sacar de Larry esa carga y ese rigor teatral que dominaba. Volvió a los escenarios y a las obras de los clásicos. Era su tierra, su terreno fiel, y en donde podía demostrar todo un talento camaleónico. Pero Hollywood es perro olfateador y como todo buen sabueso vió el interprete ideal para la obra de Emily Bronte "Cumbres borrascosas", que dirigió William Wyler. La creación que hace del personaje masculino es antológico, dándole la replica una insufrible y hermética Merle Oberon, (papel en un principio pensado para ser interpretado por una joven actriz apenas conocida: Vivien Leigh. Pero en aquellos años Hollywood buscaba nombres con mucha resonancia y Vivien aún no lo tenía, al final aquel hermoso papel, aquella mujer libre fué tristemente interpretado por Merle Oberon).

 Estaba claro que, aquel pequeño nacido en Dorking, ahora, a sus 33 años poseía un nombre importante a todos los niveles del arte interpretativo, lo conservó fiel y con categoría de rey hasta el final de sus días. Siempre soñó con representar las vidas de los personajes creados por los grandes clásicos de la literatura, y supo demostrarlo de la manera mas grande que un actor puede hacerlo: viviéndolos, haciéndolos suyos, y siendo todos uno dentro de él mismo. No estoy hablando de un actor cualquiera, estoy amigos míos, abriendo la ventana para que entre la luz de una institución, un nombre que es baremo y ejemplo todas las escuelas de arte dramático del mundo.

Compaginaba cine y teatro con el mismo vigor del que era rey, pero su sitio siempre estuvo en los escenarios de todo el mundo, desde Australia hasta Europa , siendo la figura mas importante de la interpretación.

Fué condecorado en 1947 por la Reina Isabel con el titulo de Sir.

Su trayectoria desde ese momento hasta el fin de sus días, le llevaría a rozar las mas altas cimas de la interpretación. Recreó en los escenarios como nadie, al príncipe de Dinamarca (Hamlet), aplicándole al personaje una enorme carga psicológica, rodeando con maestría al mas polémico, atractivo y complejo personaje salido de la mente de Shakespeare. Mas tarde, en 1948 lo llevaría al cine, interpretando y dirigiendo con enorme talento una factura nada fácil para aquellos años. Nadie podrá llegar a rozar su interpretación, ni él mismo al cabo de los años, cuando en reuniones con amigos o familiares, proyectaban el film, podría creer que aquel actor rubio dando la replica a una deliciosa Ofelia, interpretada por Jean Simmons, fuese él mismo.

 En pleno siglo XXI, viendo el film y dejando que nuestra mente absorba el sufrimiento de Hamlet, escuchando como su padre le comunica que fué asesinado, podemos asumir algo tan fresco, tan rico en matices, tan vigente que, uno a veces siente un leve escalofrío, una sensación estremecedora, porque esa intención y toda su vida interior, traspasa absolutamente al espectador, haciendo que nazca uno de los personajes mas brillantes jamás creados.

 !  Magistral  !

 

 

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