Lejos de la niebla.

Publicado en por CINE MIO

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 Anatole Litvak-1941

Antes que valorar las cualidades que emanan de un título tan sólido –y en buena medida transgresor-, como OUT OF THE FOG (1941, Anatole Litvak) –jamás estrenado en nuestro país, aunque emitido en pases televisivos con la traducción literal de LEJOS DE LA NIEBLA-, conviene evocar la confluencia de talentos que se dieron cita en una película de aparentes cortas pretensiones. Sin entrar en su espléndido reparto, destaquemos la aportación del gran james Wong Howe como operador de fotografía –uno de los aspectos por los que su resultado adquiere un mayor grado de personalidad-, de guionistas tan reputados como Robert Rossen –a punto de su debut como director- o Jerry Wald –más conocido como productor-, a los que se unió Richard Macaulay. La referencia de una obra teatral de Irwin Shaw, o la tarea de producción de Hal W. Wallis –entonces en su pleno apogeo en la Warner-, son muestras evidentes de un tipo de cine que podríamos decir que “jugaba sobre seguro”. Ya solo el hecho concreto de la presencia de los mencionados Rossen y Wong Howe, son referencias inexcusables a la hora de configurar la personalidad de una propuesta tan atípica, bien orquestada en la pantalla por parte de su realizador, Anatole Litvak.

La película se desarrolla en el contexto de un viejo muelle de Brooklyn. Dominado de forma permanente por las nieblas, con un desarrollo dramático que parece demostrar que solo hay vida por la noche, se nos describe la vida rutinaria de una serie de personajes que residen y trabajan en aquel contorno. Una áspera cotidianeidad de la que quiere escapar Stella Goodwin (Ida Lupino), hija de Jonah (Thomas Mitchell), un ya casi anciano responsable de un pequeño comercio, casado con una esposa achacosa y cargante. Jonah solo tiene como salida a su vacío existencial la práctica de la pesca –cuatro noches por semana-, con su viejo amigo Olaf (John Qualen). Olaf es cocinero en un viejo bar, donde es acosado de manera infructuosa por su ya madura propietaria para que se case con él. El marco descriptivo se completará con el hastío que a Stella le produce su noviazgo con el joven y bondadoso George Watkings (Eddie Albert), en quien ve un futuro tan lleno de seguridad como la prolongación de esa rutina de la que pretende huir a toda costa. Una noche –como no podía ser de otra manera-, ese soplo de aire fresco llegará de la mano del atractivo y altanero Harold Goff (John Garfield) –será en su acción como extorsionador como se iniciará la película-, un chantajista que no dudará en exteriorizar su poco recomendable profesión sobre el pequeño bote que mantienen Jonah y Olaf. Pero al mismo tiempo se acercará hasta Stella, viendo la muchacha en Goff esa nueva manera de entender la vida, evanescente y llena de riesgo, que ha buscado afanosamente. Así pues, el chantajista sin escrúpulos mantendrá una doble actitud, extorsionando tanto a los veteranos pescadores –junto a muchos otros de la zona-, al tiempo que agasajando a la joven, que se encuentra por completo fascinada ante la personalidad que este le manifiesta. En un momento determinado, el padre de esta se enfrentará a Goff, iniciándose una escalada que culminará con un plan pensado para liquidarlo, en el que tendrá que contar con la colaboración de su eterno y siempre débil amigo Olaf.

Desde sus primeros fotogramas, el espectador advierte que se encuentra ante una adaptación teatral –un elemento que apenas es aireado en algunas secuencias, bastante débiles por cierto, desarrolladas en las salidas de Goff y Stella, o en el breve episodio ante el juez de guardia ¡que trabaja hasta de noche!-. Pero uno de los méritos más visibles de OUT OF THE FOG reside en la capacidad de plasmar ante la pantalla una realidad que adquiere, merced al recurso de una dirección artística resuelta con especial cuidado, la presencia de esas constantes nieblas, y la querencia por unas acciones y una vida que parece solo tener lugar de noche, un aspecto casi fantasmagórico. A partir de ese punto de partida, Litvak logra extraer un atractivo resultado visual, dotando de vida propia un drama en el que se contrapondrán dos tipos de vida; el de los oprimidos y el de los opresores, al tiempo que se intercalará con el contraste entre rutina y un sabor pleno de la existencia. Todos estos elementos son articulados con acierto en su vertiente dramática, acertando al confluir con las virtudes plásticas de una propuesta que en todo momento muestra un cuadro existencial dominado por el pesimismo. En realidad, y aún cuando la resolución de su base dramática ofrezca la oportunidad de la venganza por parte del siempre humillado Jonah, en realidad plantea la resignación por parte de Stella ante ese contexto del que quería huir, y cuya alternativa –la ofrecida por Goff, no era más que un mero espejismo-. En realidad, OUT OF THE FOG alcanza su objetivo de modo más certero cuando se limita a describir, que en el momento en que pretende moralizar, obteniendo una acertada interacción entre sus diferentes personajes. Todos ellos se muestran alterados alterados en su desganada cotidianeidad, a partir de la aparición de la mefistofélica figura del joven extorsionador, al que Garfield proporciona unos espléndidos matices a la hora de plasmar ese lado oscuro de una personalidad por completo ausente de humanidad. Junto a él, la presencia de Ida Lupino ofrece al relato ese contrapunto de angustia existencial –cualquier película con la Lupino dentro, adquiere unas cualidades suplementarias-, complementado con la aportación del conjunto de secundarios, entre los que destaca un Thomas Mitchell en esta ocasión muy comedido, y sabiendo expresar ese lado oculto de maldad que todo ser humano alberga en su interior, por mucho que su acción exterior ofrezca el prototipo de la bonhomía.

Cierto es que en el conjunto del drama, resulta un tanto chirriante la escasa entidad que ofrece el rol encarnado por Eddie Albert –acentuado por la neutralidad que ofrece su labor-, que uno quizá hubiera deseado más densidad dramática en la secuencia con la que culmina la andadura vital de Goff, o que en ocasiones los matices de comedia –como el que plantea la conclusión del relato-, quizá resulten contradictorios ante un retrato tan sombrío. Son imperfecciones que atenúan, aunque en modo alguno oscurecen, las virtudes que emanan esta película tan poco conocida como ampliamente reivindicable. Una producción Warner en la que cualquier espectador puede, aunque se encuentre en contextos y situaciones bien diferentes, verse identificado con cada uno de los personajes que la pueblan. Una tragicomedia, en definitiva, que bajo su precisa y al mismo tiempo oscura y evocadora capacidad descriptiva, plantea buena parte de las claves que –bien en aquel tiempo, o bien en la actualidad-, caracterizan al ser humano.

Fuente: CINEMA DE PERRA GORDA

 

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