Los Cautivos.

Publicado en por CINE MIO

Budd Boetticher, 1957


 Que la sencillez pueda conformar la identidad de un cineasta, es una convicción que asalta al espectador al poco de comenzar el disfrute de una película de Boetticher. En Los cautivos (The Tall T) los movimientos dóciles de cámara, los planos fijos y el exquisito trabajo de composición en cada encuadre, parecen un contrapunto al carácter del ranchero Pat Brennan (Randolph Scott): el vaquero como hombre que persigue su libertad.


La mencionada puesta en escena logra además transmitir una sensación, a ver cómo lo explico, de serena indiferencia ante la mala fortuna del protagonista. El soberbio arranque —resuelto sin complicaciones, como todo aquí— fija en apenas una secuencia el tono de la narración. Pat Brennan pone en juego su reputación de ranchero y así pierde una apuesta bastante fanfarrona; con su soberbia y la silla de montar a cuestas se suma a un accidentado viaje en diligencia. A partir de ahí, el antihéroe patoso y quijotesco deberá plantearse la fidelidad a sus valores o, como algunos de quienes le rodean, hacerse a un lado al primer contratiempo. Es cierto, encontramos en los mejores westerns, hasta los años sesenta al menos, una constante pugna frente al adulterio ético, algo hoy —en este tiempo de relativismo y descreimiento— impensable. Y más anacrónico quizá sea el respeto al adversario, a un apache o forajido y casi a cualquiera. Hay una secuencia en Los cautivos en que un hombre se resiste a disparar por la espalda a su oponente, quien, intuyendo la circunstancia, evita darse la vuelta a sabiendas de que sería acribillado a balazos. Qué extraña conducta fuera de una vieja película.

 

En todo caso, el lejano Oeste que conocemos, el de Ford y Hawks y Boetticher asimismo, dirán algunos, nunca existió como tal. Pero no voy a confrontar aquí el mito con la historia. Volvamos entonces. Los cautivos permite, como la mejor Serie B, advertir con mayor intensidad el meollo del género. Y ahí es donde Boetticher se permite una ligera variación, apenas una reinterpretación de un patrón bien conocido, algo que poco importa. Porqué aquí como en los buenos westerns —por lo que a mí respecta— el interés lo captan los detalles, y las situaciones y diálogos entreverados con los lances más trágicos; así la relación del ranchero protagonista con un conductor de diligencias, las bravuconerías con los viejos compañeros o, por qué no, la visita al arranque de la película al encargado de la posta y a su hijo, y las miradas y sobre todo lo que en muchos westerns tantos no dicen y callan.

Fuente:Dos cabalgan juntos-Publicado por C. V. Moure

 

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