LOS QUE NO PERDONAN.

Publicado en por cinemio

LOS QUE NO PERDONAN

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Huston aceptó rodar la película creyendo que podría desarrollar el conflicto racial que se dejaba entrever en el guión, llevándose la historia a su terreno; por otro lado, el reparto era más que espectacular, lo que seguramente le llevó a firmar el contrato sin leer la letra pequeña. Sin embargo, tal vez en esa letra hubiera podido adivinar que los productores no estaban interesados en un western de tintes raciales, sino simplemente en sacar adelante un buen film del Oeste que funcionara en taquilla. Con su firma en un papel y los productores en contra, cuando el diretor se dio cuenta de su error ya era demasiado tarde. Efectivamente, Hustonrodó Los que no perdonan por obligación.

Fuera consecuencia de su circunstancia personal, un guión demasiado encorsetado o simplemente cualquier otra cosa, lo cierto es que Los que no perdonan adolece del ritmo narrativo queHuston solía imprimir a sus grandes obras. En los tres primeros cuartos del film se va introduciendo la historia y a los personajes sin demasiada acción, o quizás con una acción demasiado cotidiana, y así la película tarda en alcanzar un clímax lo suficientemente estimulante (momento que llega precisamente cuando se introducen los conflictos raciales que Huston no pudo llevar más allá) que pueda atrapar al espectador medio. Es decir, los amantes del viejo western es probable que sigan sentados en su sofá, pero los que no conecten especialmente con el género tal vez puedan sentir que el tedio aparece en sus emociones.

Aun así, esa primera parte del film tiene buenos momentos, especialmente los visuales, que acompañan sobretodo al fantasmagórico jinete loco que se le aparece a las dos mujeres Zachary en esos compases iniciales del film; un agente profético y maldito, que lleva consigo no sólo a la muerte, sino la peste de la calumnia, y del horror de la verdad. Tras el punto álgido de la historia Los que no
perdonan adoptará el ritmo y las formas de cualquier western clásico al uso, presentando el eterno conflicto armado entre blancos e indios, algo con lo que muchos podemos disfrutar sin problemas; pero, de nuevo, quizás sea todo demasiado prototípico como para que guste a los espectadores que no se emocionen especialmente con ese tipo de historias.

Por supuesto, como podría decirse que ocurre actualmente con Tarantino, cualquier film correcto de Huston es mejor que el 90% de la cartelera restante, y ya me gustaría a mi ver hoy en día en el cine ciertas escenas visualmente tan bellas o sobrecogedoras como las que se pueden encontrar en Los que no perdonan. Éste es, pues, un film menor de Huston, no tan brillante como otros títulos suyos, pero tampoco tan estrellado como pudiera haber pensado el director.

Aunque, en realidad, algo de estrellado tiene, pues el reparto es ciertamente espectacular: Burt Lancaster, la reina de los fotogramas Audrey Hepburn, la veterana de tantos clásicos y grandes films Lillian Gish (que sorprendió a Lancaster y  Huston con su destreza con las armas de fuego), y curiosos secundarios como John Saxon (un tipo peculiar y ciertamente entrañable) o un jovencito Doug McClure,


En definitiva, si os gusta el western, echadle un vistazo a Los que no perdonan; si no os gusta especialmente, sed cautos, pero tened siempre en cuenta que quien dirigió esto fue John Huston, y no pepito de los palotes. El director se sintió culpable durante el resto de sus días por una caída del caballo que tuvo Audrey, lo que con el tiempo devino en un aborto; la Hepburn nunca le culpó, pero quizás si le echáis un vistazo a la película quizás le deis una alegría al viejo director, allá donde esté. O tal vez reniegue por que veáis esta caquita y no Moulin Rouge, pero bueno, cualquier perspectiva es interesante.

 

 

 

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