MARATHON-MAN

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      Dustin Hoffman realiza una mueca burlona a un Laurence Olivier de gesto siniestramente impávido durante una pausa de rodaje de la muy estimable 'Marathon man' (1976), de John Schlesinger. En plena era de sombrios y tétricos thrillers, en donde se detapó la caja de Pandora de la corrupción y trapos sucios co

 

n el caso Watergate, creando un clima de desconfianza y decepción, no es de extrañar que se diera una efervescencia de thrillers en cuya trama cobraba realce la reaparición de un siniestro pasado encarnado en nazis supervivientes ( aparte que era un tema de actualidad). Títulos como 'Odessa' (1974) de Ronald Neame, la notable 'Los niños del Brasil' (1978) de Frankli J Scheffner, 'La formula' (1980), o 'Pacto de Berlin' (1985), de John Frankenheimer, lo refrendan. Por otro lado, no habiendo visto o teniendo muy lejanas en la memoria, obras precedentes de Schlesinger, sin duda no ha realizado una obra tan equilibrada y eficaz como ésta desde entonces, más bien, salvo contadas excepciones, realizando obras apagadas o mediocres. Más allá de la afamada secuencia en la que el personaje de Laurence Olivier tortura en la silla del dentista al personaje de Hoffman, que tanta sensación causó en su momento ( incluidas deserciones de salas), Schlesinger logró crear una tensa atmósfera, sobria y contundente, en la que asomaban otros terribles fantasmas del pasado equiparables al nazismo, como fue la Caza de brujas de McCarthy (parte del estudio que realiza el personaje de Hoffman sobre ejemplos de tiranía en la historia americana; su mismo padre fue una víctima de aquella persecución). Estupendas son las secuencias con su hermano, encarnado por Roy Scheider, como el ataque que sufre en un hotel de Paris, de notoria crudeza, o la desasosegante bajo los arcos cuando tras ver que desaparezca en la noche una compañera, oye un extraño ruido, y luego aparece botando un balón. Y, en especial, destaca la gran creación que realiza Laurence Olivier del nazi. Inquietante y amenazador en sus buenas y sobrias maneras (se inspiró en la delicadeza con que el jardinero del productor Robert Evans mimaba a sus rosas para su forma de desenvolverse cuando tortura los dientes de Hoffman) crea un gran personaje siniestro. También brillantes los acordes de la música de Michael Small y la sombría fotografía de Conrad L Hall. Como anécdota, que ya fue en los siguientes años recurrente comentario en el círculo de actores, la conversación entre Hoffman y Olivier cuando el primero le dijo que para una escena en la que su personaje no había dormido en tres días, él hizo lo mismo, a lo que Olivier replicó que si no había pensado en la opción de actuar (aunque, según Hoffman, reconoció que él mismo había hecho cosas semejantes en el pasado).

 

MARGARET SULLAVAN

EL HOMBRE DE MACKINTOSH

. GODOJOS - (Zaragoza)

EL JOROBADO DE NOTRE DAMME.

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