Más allá del Missouri

Publicado en por CINE MIO

 (William A. Wellman, 1951)


Escuchamos la narración sublimada que un niño —según se nos dice al desenlace— escuchó de boca de su padre (Clark Gable), un trampero a comienzos del siglo XIX. Tal vez eso explica además la vitalidad desbordante de la película, apenas setenta y cinco minutos cuyo resultado al parecer no fue el deseado por Wellman. Otra vez un maldito/bendito productor. Pero esa condensación, una sucesión de secuencias hilarantes —celebraciones y bailes salpican el metraje, la boda del trampero que encarna Clark Gable con una india, por poner un ejemplo— donde uno sonríe —y ríe también, ante la desinhibición, la libertad al fin de aquellos pioneros— contemplando el desternillante bailoteo que intenta Clark Gable, un indio vistiendo una armadura o un escocés tentado por la gaita a la menor oportunidad. 
Más allá del Missouri (Across the wide Missouri) como un torbellino que dobla cualquier pesadumbre.

Es cierto, el viento, símbolo manoseado de la libertad, quizá sea aquí protagonista. Wellman se detiene al arranque en el mismo; contemplamos entonces sus ráfagas agitando la naturaleza, una advertencia. La libertad es también motor de este western, lo que invita al espectador al abandono y al disfrute en su contemplación; estamos ante la libertad salvaje, cotidiana, si se quiere. El parco apego por la resignación, las cabalgadas maravillosamente rodadas, la ausencia aparente de prejuicios en un Oeste virgen y auténtica sociedad de naciones —indígenas y escoceses, franceses y nuevos americanos—, la falta de otros ritos distintos de los más disparatados jolgorios, momentos e impresiones, en fin, con los que el narrador nos traslada una parte al menos de su memoria inocente.


Cabe disfrutar este western —y casi cualquiera— como un ejercicio de nostalgia desde dos entreverados enfoques. La nostalgia de los hombres del Oeste, de quienes al otro lado de la pantalla habitan un sueño apenas viable en el albor de la epopeya, más o menos hasta el momento retratado en Más allá del Missouri. Pero también la nostalgia a este lado de la pantalla, la nostalgia de quien recupera, vinculado a ese sueño que asoma, las emociones de un espectador aún ingenuo, el candor que tantas veces reclama el disfrute del western, la capacidad de soñar. Lo dice aquí el narrador —“tenía edad para entender a mi padre”—, toda una declaración de principios —sustituyan “mi padre” por “western” o aun por "cine"— que nos recuerda el tiempo a reconquistar antes de tomar asiento frente a una pantalla, para entender lo que se cuenta y ahora escuchamos y emocionarnos así, la historia de un sueño y de los hombres que lucharon por seguir en él.

Fuente: Dos cabalgan juntos-Publicado por C. V. Moure

 

 

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