MOBY DICK.

Publicado en por CINE MIO

Gregory Peck, Richard Basehart, Leo Genn, James Robertson Justice, Harry Andrews, Bernard Miles, Noel Purcell, Edric Connor

Godojos ( Mi Pueblo)09

Esta espectacular versión del clásico literario de Herman Melville, magní­ficamente dirigida por John Huston y escrita por él y Ray Bradbury, es inigualable en entretenimiento, imaginación y aventura. Consumido por una rabia enfermiza, el Capitán Ahab (Gregory Peck) tiene un único propósito en la vida: vengarse de Moby Dick, la ballena blanca gigante que le lisió y desfiguró. Obseso patrón de un barco ballenero, Ahab usa su mando para navegar los siete mares en una implacable búsqueda de su ví­ctima. Enfrentado a una tripulación amotinada, al calor tropical y a tormentas violentas, Ahab finalmente alcanza a su presa e inicia una confrontación que culmina en una contienda implacable de furia sin fin… condenada a la perdición.

Moby Dick es, según la crí­tica especializada, la obra maestra de su autor, el neoyorkino Herman Melville, por encima de obras como Taipee u Omoo. Capitanea en popularidad el grupo de sus novelas y cuentos más conocidos. Moby Dick, escrita a mediados del siglo XIX, es un compendio de citas de la Biblia, arranques lí­ricos, muestras del conocimiento que sobre cetologí­a tení­a su autor y que habí­a acumulado en sus frecuentes viajes a bordo de balleneros, a lo que hay que sumar la influencia de la filosofí­a trascendentalista de Emerson y Thoreau, el predestinacionismo puritano (porque, aunque natural de Nueva York, Melville se empapó del ambiente cultural de Massachussets) y la sombra que recorre el libro de cabo a rabo, y que no es otra que la de Shakespeare.

La novela de Melville tuvo una mala acogida crí­tica y comercial el año en que se editó (1851), y condujo a su autor al olvido de sus contemporáneos. Tanto es así­, que cuando ya estaba encargándose del que serí­a el último de sus trabajos (aduanero, en su ciudad natal) la gente lo creí­a muerto. Serí­a en la década de los veinte del siglo siguiente al que vio nacer a Melville el que pondrí­a las cosas en su sitio, pues Edgar Morgan Foster rescató el libro del olvido, y fue entonces cuando se le comenzó a tomar en serio. Faulkner dijo que Moby Dick era la novela que siempre hubiese querido escribir. En la actualidad se le considera un clásico fuera de serie, uno de los máximos representantes del romanticismo decimonónico norteamericano. En los años cincuenta recibió su definitiva adaptación cinematográfica de la mano del realizador John Huston.

Huston afirmó: “Se ha discutido demasiado sobre el sentido último de Moby Dick, al que se prefiere considerar como un libro secreto, enigmático. Pero en lo que a mí­ concierne se trata, negro sobre blanco, de una gran blasfemia. Ahab es el hombre que ha comprendido la impostura de Dios, ese destructor del hombre, y su búsqueda no tiende más que a afrontarle cara a cara, bajo la forma de Moby Dick, para arrancarle la máscara (…) La pelí­cula era una blasfemia extraordinaria. No creo que ningún crí­tico escribiera la palabra blasfemia, pero, no obstante, es el tema central del filme (…) Esta pelí­cula representa sencillamente la más importante declaración de principios que yo haya hecho nunca. Es más, diré que Moby Dick es mi pelí­cula más importante. Melville se distingue por la afirmación de una filosofí­a que no tiene igual en ninguna otra narrativa.Moby Dick es una blasfemia. Estoy estupefacto de que nadie haya protestado. Pero la blasfemia es tan esencial en el relato que es preciso aceptarlo forzosamente. Ahab es el hombre que odia a Dios y que ve en la ballena blanca la máscara pérfida del Creador. Considera al Creador como un asesino y se encuentra en la obligación de matarle” .

Esta es la idea primordial que tuvo en cuenta John Huston cuando se decidió a llevar a la pantalla tan imprescindible novela. En la pelí­cula se manifiesta en diversos momentos, como cuando Ismael entra en la taberna y contempla un cuadro espeluznante en el que se muestra un gigantesco cachalote a punto de aplastar un naví­o. Entonces Stubb, que ha visto la expresión de horror en la cara del forastero, comenta: “Si Dios fuese un animal, serí­a una ballena”. La novela también aporta diversos datos que apoyan esta hipótesis esgrimida por Huston. Destaco a ese respecto el capí­tulo fundamental de La toldilla, en el que Ahab descubre por fin cuáles son sus verdaderos planes para el barco y la tripulación, y que no son otros que dar caza y matar a la ballena blanca. Es entonces cuando Starbuck contesta a su jefe: “Irritarse contra una cosa estúpida, capitán Ahab, parece algo blasfemo”. Y por si aún cupieran dudas al respecto, la contestación del viejo a su subordinado deja poco espacio para los errores de interpretación: “No me hables de blasfemia, hombre, golpearí­a al Sol si me insultara. Pues si el Sol podí­a hacerlo, yo podí­a hacer lo otro”. Ahab mantiene en la novela una relación muy parecida al pacto diabólico con un individuo que parece salir del infierno, el extranjero Fedallah (que no aparece en el filme), al que Melville muestra como la sombra del capitán. Y si esto fuera poco, ahí­ tenemos la súplica de Starbuck en mitad de la tormenta (capí­tulo 119): “¡Dios, Dios está contra ti, viejo!”. También apoya el punto de vista de Huston la respuesta que da al primer oficial su capitán cuando discuten en el capí­tulo 109 y que el primero resuelve con un “¡Hay un solo Dios que sea Señor de la Tierra y hay un solo capitán que sea señor del Pequod!”.

El episodio en el que está contenida la expresión más clara de la postura anticristiana de Ahab es aquel que Melville utilizó como referencia para dar a entender a su colega Nathaniel Hawthorne cuáles eran sus intenciones
cuando se proponí­a comenzar la que está considerada como su mejor obra.

Me estoy refiriendo al momento en que Ahab, una vez que ha fraguado (con sangre de los arponeros, para darle más visceralidad al asunto y al pacto impí­o que han firmado) su arpón pensando en utilizarlo sobre Moby Dick, recita una versión distinta de la fórmula bautismal: “Ego non baptizo te en nomine Patris, sed in nomine diaboli”. Es decir: “Yo te bautizo no en el nombre del Padre, sino del diablo”. Es curioso que este párrafo no aparezca en la pelí­cula, siendo, como es, la prueba más clara de la teorí­a sostenida por Huston. Probablemente serí­a una cuestión relacionada con la censura, que no verí­a con buenos ojos que semejante frase apareciese en una pantalla. Si fue así­, no serí­a el único problema que la cinta tuvo con los censores, ya que cuando se estrenó en España, la respuesta que da el profeta loco en la versión doblada es “mi nombre no tiene importancia”, mientras que en el original reproduce con fidelidad el texto melvilliano y responde que él se llama Isaí­as, abundando así­ en la enorme cantidad de alusiones bí­blicas que pululan por el libro.

La obsesión de Ahab, su odio infinito contra la ballena blanca, es el eje central de la novela, y el hilo argumental que sigue Huston, quien ignora todos los asuntos sobre cetologí­a que a lo largo de la novela se intercalan con los episodios más o menos relacionados con Ahab y su tripulación. Lo malo es que en esa poda también cayeron algunos momentos destacables. De entre todos los encuentros que con otros barcos balleneros se encuentra el Pequod, tan sólo quedan en la pelí­cula los relacionados con el Samuel Enderby y el Raquel. Del primero se recoge la confrontación entre los dos capitanes mutilados por Moby Dick: Boomer y Ahab, por supuesto. Del Raquel nos queda la negativa del Capitán del Pequod en lo referente a ayudar al capitán del Raquel a buscar a su hijo perdido. La diferencia estriba en que la frase “que Dios me perdone” (dicha por Ahab en las páginas de la novela) la grita el capitán del Raquel a su colega ante la negativa de éste último en la obra de Huston.

Era una pena que no se hubieran aprovechado otros encuentros recogidos en el libro. Algunos de ellos apuntan a una de las constantes de la novela, que no es otra que la predestinación y la maldición que pesa sobre el barco donde viaja Ismael. Por ejemplo, en el capí­tulo dedicado al Jeroboam, ocurre que un marinero llamado bí­blicamente Gabriel coge una carta destinada a un marinero que murió por obstinarse en perseguir a la temida ballena, la pincha en un cuchillo y la clava en el casco del Pequod para que la maldición del marinero muerto siga a Ahab. En otra ocasión, cuando Ahab, hablando desde su barco al capitán de otro con el que ha coincidido, pregunta por si han visto a Moby Dick, el altavoz del capitán se cae al agua, lo que es interpretado como un mal augurio. Lo mismo sucede con el episodio del gran pulpo blanco ante el que tiembla Starbuck por habérsele aparecido en mitad de las olas, ya que, según dice, pocos son los barcos que se encuentran con dicho pulpo y vuelven para contarlo. Las palabras de Melville abundan en esta idea de los signos fatí­dicos. En La toldilla, el narrador escribe: “Pero, en su alegrí­a por la hechizada aquiescencia tácita de su oficial, Ahab no escuchó su fatí­dica invocación, ni la sorda risa que subí­a de la bodega, ni el presagio de las vibraciones de los vientos en las jarcias, ni la hueca sacudida de las velas contra los palos, cuando por un momento se desplomaron, como sin ánimo.(…) Se extinguió la risa subterránea, los vientos siguieron soplando, las velas se hincharon y el barco cabeceó y avanzó como antes. ¡Ah, admoniciones y avisos! ¿Porqué no os quedáis cuando vení­s?”.

El mismo Ahab considera su viaje y su enfrentamiento con la ballena blanca como algo inevitable. En el capí­tulo 37 reflexiona para sus adentros: “La profecí­a era que yo fuera desmembrado, y…¡sí­! he perdido esta pierna. Ahora yo profetizo que desmembraré a mi desmembradora”. Piensa que es algo que estaba determinado desde hace mucho tiempo. Por eso dice a su primer oficial en el segundo dí­a de la caza: “Todo esto está decretado de un modo inmutable. Lo ensayamos tú y yo un billón de años antes que se meciera el océano. ¡Loco! Soy el lugarteniente del Destino; actúo bajo sus órdenes”.

De todo este cúmulo de referencias a la predestinación hay que destacar la intervención del profeta medio loco. En el libro aparece clamando una serie de afirmaciones ambiguas sobre el viaje y la pierna perdida del capitán monomaní­aco, pero en la pelí­cula Huston y Bradbury (en sus funciones de coguionista) ponen en su boca la siguiente profecí­a: “Oleréis a tierra cuando no haya tierra, entonces Ahab bajará a su tumba, pero antes de una hora volverá a la superficie y entonces todos, menos uno, le seguiréis”. Se cuenta entre los grandes aciertos del filme, como también lo es el hacer que Ahab cabalgue sobre la ballena mientras la arponea despiadadamente para más tarde balancearse una vez ha muerto haciendo con su brazo, y debido al cabeceo del animal, un movimiento que sus marineros interpretan como que su capitán los está llamando para que le sigan.

 

Moby-Dick es una novela, publicada en 1851, cuyo autor es Herman Melville (1819-1891). El libro trata de la obsesiva y autodestructiva persecución de una gran ballena blanca realizada por el capitán Ahab. No obstante, el tono de la misma, al margen de los pasajes que describen la persecución y transformación que va sufriendo el personaje, es eminentemente enciclopédico, incluyendo el autor extensas y detalladas descripciones de la pesca de las ballenas en el siglo XIX y multitud de otros detalles sobre la vida marinera de la época. Quizá por ello la novela no tuvo ningún éxito comercial en su primera publicación, aunque con posterioridad haya servido para cimentar la reputación del autor y situarlo entre los mejores escritores estadounidenses.

Influencias reales

La obra está inspirada en un caso real que padeció un naví­o de Nantucket, Massachusettscuando fue atacado por un cachalote. Varios de los ocho sobrevivientes relataron el suceso.Moby Dick indudablemente está también basada en las experiencias personales de Melville como marinero.

La obra está además tuvo como referencia histórica el relato publicado en 1839 por la revista Neoyorquina “Knickerbocker” escrito por un oficial de la armada de EE.UU., referente al enfrentamiento real de balleneros en contra de un cachalote albino conocido por los balleneros del siglo XIX, como Mocha Dick; el cual vivió cerca de la isla de Mocha (Lebu, Chile). Ésta, comoMoby Dick, escapó incontables veces de sus cazadores durante más de cuarenta años, por lo que llevó varios arpones incrustados en su espalda. Los balleneros contaban que atacaba furiosamente dando resoplidos que formaban una nube alrededor de ella; embestí­a sus barcos perforándolos y volcándolos, matando a los marineros que se atreví­an a enfrentarla. Según el marinero que contó la historia publicada en la revista, para lograr matar a Mocha Dick se requirió la unión de distintos barcos balleneros de distintas nacionalidades. Cabe destacar que en Chile, en la cultura indí­gena Mapuche, existe el mito del Trempulcahue, cuatro ballenas que llevan el alma de los mapuches que mueren hasta la isla de Mocha, para embarcarse en su viaje final. En el año 2005, en la costa de Chile, se filmó a varios de estos cachalotes albinos posiblemente descendientes de esta mí­tica ballena.

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