Pacto de honor.

Publicado en por CINE MIO

PACTO DE HONOR

(André De Toth, 1955)

 
Entre muchos otros, hay un momento soberbio en este western, donde el amigo de los indios —el Johnny Hawks encarnado por Kirk Douglas— se refiere a la civilización como la inevitable exterminadora del paisaje. Y lo dice con resignación, como no cuesta adivinar en su rostro, una declaración de fidelidad al telón de fondo sobre el que se han levantado películas apasionantes. Sorprende otra vez que un “adoptado”, como De Toth, recoja esta declaración sobre una tierra para él extraña, y donde nunca ha sido del todo valorado como cineasta. Acaso por ello las palabras de Johhny Hawks no haya que entenderlas tanto vinculadas —revestidas así de una intención ecologista— al paisaje geográfico como al cinematográfico y sentimental, el que seguramente conoció primero De Toth, y el que además también ha sido destruido (y apartado del gusto mayoritario del público, al menos del gusto exhibido en carteleras comerciales). Y destruido no tanto por los ferrocarriles de El caballo de hierro de Ford o Union Pacific de DeMille, como por las ideas y aun los prejuicios que lastran todo pretendido progreso; digamos entonces que el western es hoy un género en exceso salvaje para demasiados espectadores.

En cualquier caso, Pacto de honor (The indian fighter) no abusa para nada —aunque ofrezca asideros a quien quiera agarrarse a su mensaje ecologista o pacifista— de buenismo y complacencia, a la manera por ejemplo que tanto abunda en Avatar de James Cameron, con la cual algunos incluso la emparentan. Johnny Hawks parece comprender que la lucha en ocasiones inevitable con los indios —a la que se apunta llegado el momento sin miramientos— puede acaso ser la contrapartida del paisaje que adora, y así tales desavenencias no son sino un pequeño precio a pagar por la conservación del Oeste. Sólo la temida civilización aplacará tales luchas. Y es que quizá convenga no olvidar que entre indios y blancos en los Estados Unidos, también de algún modo se dirimió una guerra civil, intermitente y terrible, como aquí parece mostrar De Toth; una guerra muchas veces animada —como casi todas en principio— por el aliento de hombres singulares, la codicia de unos pocos y el mero afán de gloria.


La misma impresión, por cierto, que subyace ya en otros excelentes westerns como 
Más allá del Missouri de Wellman, donde también la figura del “blanco amigo de los indios” se ve desplazada por el general entendimiento entre culturas sólo quebrado por lo más sombrío de la condición humana. Además en Pacto de honor la distancia —fruto acaso del scope, de una gélida banda sonora de Franz Waxman, del talento de De Toth (casi una marca de su cine)— entre el espectador y las imágenes alienta la épica en momentos sin discusión magistrales como el duelo a caballo, o el asedio al fuerte por los indios, una espectacular secuencia bélica que otra vez invita a pensar no ya en Troya, sino en las palabras de Borges cuando reconocía el western como casi el último reducto de la épica.

Fuente: Dos cabalgan juntos-Publicado por C. V. Moure

  GODOJOS - (Zaragoza)

 

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