Rio Conchos.

Publicado en por CINE MIO


Rio Conchos

Gordon Douglas, 1964

 

La historia de una venganza, de la construcción de un sueño también. Si no fuera por la parte final, cuando en pantalla aparece el sudista coronel Pardee (Edmond O´Brien) y las imágenes y la violencia adquieren un tono elegíaco, no nos encontraríamos ante una película de culto, ni ante un excelente western. Pero abunda la tristeza en ese desenlace con muchos minutos rodados a pleno sol y en la ribera del río del título. Entonces conocemos el rostro del confederado, un Kurtz de presencia más lastimera aun que el mostrado por Coppola en Apocalypse Now, su rostro iluminado, y así también su locura y la venganza que trama —mano a mano con los apaches— tras la derrota en la Guerra de Secesión.

El sur todavía es posible, eso parece meditar cuando recibe a la expedición encargada del rescate de una partida de rifles robados. Y su locura —por tal es tenido quien vive en un mundo irreal, pasado incluso, y más aun quien se atreve a reconstruirlo— eclipsa la película, al resto del reparto —Richard Boone, Stuart Whitman…— y la odisea hasta llegar al río Conchos, cualquier cosa que pueda ocurrir importa ya poco. Como con el Kurtz de Coppola y Joseph Conrad, aquí la locura, el estremecimiento que a la misma acompaña, se acentúa por la adoración casi mesiánica (el temor acaso) de soldados sudistas, desertores y apaches por el líder. Gordon Douglas recrea un entorno fúnebre en Río Conchos, como ya hiciera en Sólo el valiente, y los integrantes de la expedición se ven abocados a los desvaríos de un régimen fantasmal, anacrónico.

No es difícil, por lo demás, emparentar este western con Los profesionales de Brooks o Grupo salvaje de Peckinpah, por el paisaje desolador al fondo, y aun por el retrato despiadado de la violencia y del ejercicio sin escrúpulos de la misma por un grupo de mercenarios, aquí militares algunos pero que al fin asumen que les ha tocado otro papel. Poco a poco en todos se impone el código de la venganza, de la deslealtad más árida —mucho más que en los referentes citados—, y eso acaso vuelva a Río Conchos una película en exceso incómoda, que avanza sin respiro entre desengaños y sangre, donde nadie se fía de nadie con o sin motivo, y donde el disparo concluyente puede provenir incluso de un revólver amigo. El horror.

Fuente: Dos cabagan juntos-Publicado por C. V. Moure

 

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