Se fiel a ti mismo.

Publicado en por CINE MIO

GODOJOS - (Zaragoza)


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  Anatole Litvak             

Hábil, apreciable, y hasta en ocasiones inspirado, THIS ABOVE ALL (Se fiel a ti mismo, 1942. Anatole Litvak) es una más de las numerosas aportaciones del cine norteamericano, destinada a apoyar y exaltar el ideario patriótico, de cara a la integración de voluntarios en la II Guerra Mundial. Su año de producción y las propias características del conjunto –centrado, eso sí, en ámbito británico-, no albergan lugar a dudas en cuanto a estas intenciones, en las que la 20th Century Fox aportó la presencia de una Joan Fontaine en todo su apogeo y, sobre todo, el protagonismo de la máxima estrella de estudio de Zanuck en aquel periodo; Tyrone Power. A partir de esta pareja estelar –que ciertamente manifestó buena química en pantalla-, se urde la mezcla de melodrama, alegato patriótico, disquisición psicológica y apunte de lucha de clases. Todo ello, tomando como base la novela de Eric Knight –el autor del personaje de la perra Lassie-, que transformó en guión cinematográfico R. C. Sheriff. Ni que decir tiene, llegados a este punto, que el film de Litvak recorre buena parte de los estereotipos inherentes a este tipo de producciones, en los que su aura romántica va aparejada por fuertes dosis de alegato y aliento a la implicación voluntaria en la contienda bélica –una proclama, si se permite la disquisición, definida en su pertinencia-. Sin embargo, justo es reconocer que entremezclado dentro de estas convenciones, se esconden no pocas reflexiones y matices ciertamente no tan habituales en el contexto propagandístico antes mencionado. Se trata, si se quiere, de elementos, subtramas y apuntes quizá no demasiado bien definidos o quizá carentes de una profundización cinematográfica de mayor contundencia. En cualquier caso, esa mezcolanza de tópicos made in Hollywood y elementos de interés, conforman un conjunto, si más no, al menos relativamente atractivo y, sobre todo, llevado con buen pulso por este desigual pero en ocasiones notable realizador que en aquellos años fue Litvak.

 

Nos encontramos en el Londres de la II Guerra Mundial. Las autoridades francesas han capitulado ante la invasión alemana, por lo que el siguiente objetivo de Hitler se encuentra en Inglaterra. En un contexto de contienda, la familia Cathaway se muestra abstraída de la realidad que les rodea, aspecto que reprochará su joven componente Prudence (Joan Fontaine). Esta, pese a la oposición familiar –que ve en ello una negación de sus orígenes aristocráticos-, decide alistarse en el ejército femenino de cooperación –aspecto en el que solo contará con el respaldo de su tímido y honesto padre-. Al poco de iniciar su labor voluntaria, y gracias a una cita fortuita en la que acompañaba a una amiga, conocerá al joven Clive Briggs (Tyrone Power). Será un contacto un tanto inusual –se conocerán prácticamente en la penumbra-, aunque pronto se establecerá entre ellos una sincera atracción. Briggs es un hombre de ideales bastante sinceros, pero que esconde un elemento en su personalidad que oscurece su pasado. Pese a esta sombra que se proyecta en su rostro, e igualmente al rechazo que este siente por esa Inglaterra dominada por el prejuicio de clase, los dos iniciarán un romance que no quedará enturbiado incluso cuando Prudence se encuentre inesperadamente con su altiva tía en elhall de un hotel. Ambos amantes se verán entrelazados en una espiral de pasión, que tendrá un punto de inflexión con el reencuentro de Clive con Monty (Thomas Mitchell), un compañero que revelará a la joven la experiencia militar de su amado. Pese a no desear Briggs que llegara esta circunstancia, y en pleno fragor de los bombardeos, la propia integridad de su personalidad le llevará a separarse temporalmente de Prudence, intentado reflexionar ante la posibilidad de su retorno a la lucha bélica –ha desparecido de la misma, estando a punto de ser declarado desertor-. En su periplo de reflexión, vivirá diversas andanzas que llegarán a hacerlo parecer un espía, aunque finalmente será detenido cuando estaba a punto de formalizar su boda con su amada –a la que había logrado localizar por vía telefónica-. Es detenido poco antes y llevado a disposición militar, solicitando a su superior la confianza para brindarle un permiso de pocas horas, bajo palabra de retornar a sus funciones militares y asumir las responsabilidades que se derivaran de su comportamiento. Sin embargo, el destino le tendrá reservado una dura prueba.

 

No cabe duda, que THIS ABOVE ALL reserva buenos momentos y, en líneas generales, el conjunto está dispuesto con profesionalidad. Su ritmo es impecable, los elementos de producción son de la solvencia habitual en la Fox, e incluso en el relato se plantean detalles y elementos que destacan por su relativo atrevimiento –y con ello me refiero a ese rasgo de lucha de clases, francamente poco habitual en aquellos tiempos-. En el terreno específicamente cinematográfico, Litvak sabe utilizar y valorizar el espacio fílmico –algo que se manifestará en la secuencia inicial del mismo, desarrollada en la mansión de los Cathaway-, lograr hacer progresar el relato con eficacia, y se sirve de sobreimpresiones y detalles con la cámara que resultan muy valiosos. Es más, resulta muy atractiva la manera que tiene de plasmar el encuentro entre los dos protagonistas, entre la oscuridad de la noche –además de servir para destacar la presentación en la película del personaje encarnado por Power-, que concluirá con una inesperada sobreimpresión que avanzará al espectador el sentimiento que se ha impregnado en los recién conocidos. Sin embargo, y pese a todos estos detalles que hacen de su conjunto un producto apreciable, el paso del tiempo permite ver con claridad las debilidades de una historia a la que le falta fuerza romántica, que depende en exceso de inesperados giros en la narración –a los que por lo general falta metraje para poder ser insertados con mayor suavidad-, y en donde quizá se encuentran introducidos forzadamente tantos rasgos y apuestas temáticas, que casi en ninguna de ellas se alcanza un resultado más o menos trascendente. Es algo que sucederá en el encuentro de Briggs con un presbítero y sus reflexiones en la sala parroquial, o incluso en esas secuencias finales, previsiblemente establecidas como máximo rasgo dramático, y que pese a resolverse con corrección y una cierta emotividad, lo cierto es que se sitúan muy por debajo de las capacidades que, por citar dos ejemplos bien rotundos, podrían proporcionar a dicho argumento, directores tan valorados por el romanticismo de su cine, como son Frank Borzage o Leo McCarey. En su defecto, la profesionalidad de Litvak en ningún momento es capáz de hacer trascender la propuesta argumental, más allá de un sendero de profesionalidad y ocasional inspiración, aunque jamás apelando a la máxima expresión de romanticismo expresado en la pantalla.

 

Es por ello, que finalmente me queda una cierta insatisfacción al terminar de contemplar el film, en la medida del reconocimiento a una película solvente, pero que en todo momento no se implica emocionalmente y visualmente más en torno a sus personajes, cuando la historia casi, casi, lo pedía a gritos. Al menos, eso sí, reconocer las capacidades del siempre menospreciado Power, que además de galanura, demuestra una vez más, saber representar a la perfección el prototipo de héroe torturado y con fuerte vida interior. Un aspecto de su personalidad como intérprete y estrella cinematográfica, que según pasaron los años se fue intensificando en su filmografía, forjando poco a poco una superior complejidad de estos perfiles psicológicos.

 

EL CINEMA DE PERRAGORDA

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