SOLO ANTE EL PELIGRO.

Publicado en por CINE MIO

SOLO ANTE EL PELIGRO

Director: Fred Zinnemann.

Intérpretes: Gary Cooper (Marshal Will Kane), Grace Nelly (Amy Fowler Kane), Thomas Mitchell (Mayor Jonas Henderson), Lloyd Bridges (Sustituto del Marshal Harvey Pell), Katy Jurado (Helen Ramí­rez), Otto Kruger (Juez Percy Mettrick)

Hadleyville, junio 1865. Los festejos que tienen lugar para celebrar el matrimonio entre Will Kane, un “sheriff” a punto de retirarse, y su prometida, Amy, se ven interrumpidos por la noticia de que el forajido Frank Miller ha sido indultado y llegará en el tren del mediodí­a con objeto de vengarse de Kane. Su sentido del deber impide al “sheriff” abandonar el pueblo, a pesar de que Amy le asegura que se irá con él o sin él y de que, como no tardará en descubrir, no hay nadie dispuesto a combatir a su lado. Solo y asustado, se prepara para hacer frente a los cuatro forajidos cuando el tren entre en el pueblo. En un prolongado tiroteo, consigue acabar con tres de ellos, mientras que será la propia Amy -a la que Helen, la antigua novia de Kane, ha convencido para que se quede- quien mate al cuarto. Kane, asqueado, arroja al polvoriento suelo su insignia de “sheriff” y abandona el pueblo en compañí­a de Amy.

 

Solo ante el peligro es uno de los mejores westerns de la historia del cine, si no el mejor. Aunque ciertamente es un western atí­pico, carente de escenas de acción, sin tribus de indios, o vistas panorámicas al estilo de Monument Valley…

La pelí­cula cuenta la historia de un solitario y noble sheriff, abandonado por los ciudadanos del pueblo que ha jurado proteger ante la inminente llegada de un grupo de bandidos. Llegan en el próximo tren sedientos de vengarse del “marshall” que les puso entre rejas… El sheriff Kane, orgulloso y fiel a su obligación, decide plantarles cara a pesar de la insistencia de su joven esposa y de todos sus conciudadanos que le sugieren que huya. “Cariño, he estado pensando, me están haciendo huir. Yo jamás he huido de nadie…”.

La historia que se narra en la pantalla tiene una duración aproximada (105 min.) a la duración de la pelí­cula (85 min.). Esta genial correlación de tiempos es obra del director Fred Zinnemann, que logra generar ansiedad a base de tomas continuas del reloj… El rodaje del filme duró algo más de un mes.

 

Desde luego se trata de Gary Cooper por excelencia. Ganó el segundo de los tres Oscar a mejor actor de la Academia de Hollywood. Fue el único Oscar de la pelí­cula aunque fuera nominada a mejor pelí­cula, mejor director y mejor guión. Tal vez mereció mayor premio. Sólo ante el peligro no hizo sino agrandar la figura del mí­tico Gary Cooper, tan querido por el pueblo americano. El marshall Will Kane se recordarí­a desde entonces como el héroe clásico del western americano.

 

El excelente guión de la pelí­cula es cosa de Carl Foreman, y esta basado en una historia titulada “The tin star” de John W. Cunningham. La pelí­cula resultó ser el primer gran papel de Grace Kelly -como Amy Fowler, la joven esposa del sheriff Kan- acto seguido convertida en una gran estrella. Quizás se trate también de una de las mejores pelí­culas de Zinnemann -nominado al Oscar en esta ocasión- junto con la que rodarí­a poco después, De aquí­ a la eternidad (1953), mencionar la presencia en el reparto del emblemático Thomas Mitchell.

 

No recuerdo una sola pelí­cula de menos de hora y media que tenga una densidad psicológica y emocional tan grande de entre toda la historia del cine. La verdad es que la intensidad de la pelí­cula es terrible casi desde el comienzo, porque aunque no pasa nada relevante en los 5 primeros minutos, me refiero al aspecto de intensidad dramática, los siguientes minutos son extraordinarios. El comienzo con la boda para nada hace entrever la tensión que viviremos en la pelí­cula a partir del momento en que llegan a la estación de tren los tres pistoleros, vemos el pánico del encargado de la central cuando le preguntan por la llegada de Frank Miller, la sola mirada del encargado de la estación al oí­r ese nombre es muy reveladora, una mirada intensa y llena de inquietud. Ese primer plano de su cara es excelente. Aunque la parte dramática empieza entonces porque es cuando los habitantes del pueblo empiezan a temer lo peor, la verdad es que el desarrollo dramático ha empezado antes, cuando al comienzo de la pelí­cula y sobre la canción “Do not forsake me, oh! my darling”, vemos a un pistolero esperando a alguien, a dos pistoleros que se dirigen a la estación para esperar a su jefe.

 

Si tuviera que definir a la pelí­cula con tres palabras yo utilizarí­a estas: ritmo, intensidad y precisión. Ritmo porque lo que desde luego no falta en la pelí­cula es ritmo, en el caso de esta pelí­cula un ritmo casi asfixiante, en Zinnemann es uno de sus puntos fuertes, no quiero decir con ritmo que la pelí­cula vaya a toda velocidad (en el caso de esta pelí­cula sí­) sino que el director sabe manejar perfectamente la velocidad a la que debe llevar su pelí­cula para mantener en todo momento al espectador pendiente de lo que está pasando sin que se produzcan altibajos que entorpezcan la fluidez narrativa. En el caso de Zinnemann el ritmo narrativo es excepcional en sus pelí­culas, porque es capaz de saber quÉ tipo de ritmo debe llevar cada pelí­cula a la perfección, de ese modo mientras en Solo ante el peligro el ritmo es tremendamente rápido, en Un hombre para la eternidad (1966) el ritmo es el opuesto, ideal para que podamos comprender las encrucijadas morales a las que Paul Scofield tiene que hacer frente, pero no sólo sabe el ritmo que debe llevar su pelí­cula sino que luego sabe llevarlo a cabo.

Otro factor importante de la pelí­cula es la precisión con la que cada secuencia sucede a la anterior, pero la cosa no se queda ahí­, porque gracias a la labor de montaje llevada a cabo por Elmo Williams, cada plano de la pelí­cula consigue aunar esfuerzos en colaboración con la banda sonora de Dimitri Tiomkin, en pos de una intensidad dramática creciente, la utilización del plano de duración justa para cada momento es una de las partes fuertes de la pelí­cula. Para ayudar a situar al espectador en cada momento Zinnemann se vale de la utilización de un reloj de pared que nos va indicando en cada momento lo que falta para el momento importante, lo que es realmente increí­ble es que Zinnemann mantiene la inquietud del espectador cuando aún falta más de una hora para la llegada del ten, lo que da una idea de la gran intensidad que se refleja en toda la pelí­cula.

 

Pasemos ahora a lo que son las interpretaciones. Por un lado tenemos a la pareja protagonista, Gary Cooper y Grace Kelly. Gary Cooper está colosal, ningún otro actor del mundo podí­a haber dado la dimensión que le da a su papel, esa indefensión y miedo que demuestra en muchos momentos de la pelí­cula (no la podrí­a dar John Wayne y yo creo que tampoco James Stewart), unido a saber cuál es su deber y lo que debe hacer, que quedan patentes en varios planos cortos de su cara en donde muestra una enorme expresividad, hacen de él el actor ideal para la pelí­cula. Todo lo que tiene que decir el personaje es capaz de mostrarlo con un gesto. Impecable, una de las mejores actuaciones de la historia del cine. En cuanto a Grace Kelly, evidentemente tapada un poco por la interpretación de Cooper, el director la muestra como ningún otro director harí­a hasta que llegó Hitchcock, con una belleza natural irrepetible que es del todo necesaria porque así­ podemos ver lo que Cooper está a punto de sacrificar con tal de hacer lo correcto. Los secundarios espléndidos también, desde Lloyd Bridges hasta Thomas Mitchel. Y desde luego la actuación de Kathy Jurado es sensacional porque transmite perfectamente el riesgo de la situación que corre el Marshall sin caer en una sobreactuación tan tí­pica de papeles hispanos. En fin, un reparto de magní­ficos actores que interpretan sus personajes sin fisuras, y en el caso de alguno, en la mejor interpretación de su carrera (Gary Cooper).

Como bien decí­a antes, la música es otro factor clave de la pelí­cula, porque la composición de Dimitri Tiomkin es muy brillante, no es demasiado vistosa a excepción de la canción “Do not forsake me oh! my darling”, pero la verdad es que es muy efectiva, ayudando a generar esa atmósfera tensa y agobiante que es tan importante en la pelí­cula. Si hay un especialista en composiciones para pelí­culas del oeste, éste es sin duda Dimitri Tiomkin.

 

Hay dos momentos en la pelí­cula que nos dan la verdadera magnitud de esta obra, y que dejan claro que estamos hablando de una obra maestra indiscutible. Teniendo en cuenta la tensión de la pelí­cula resulta muy difí­cil creer que en momentos puntuales se pueda incrementar drásticamente esa tensión. Pues así­ es, hay un momento durante la pelí­cula cuando Cooper no encuentra a nadie para ayudarle en el que al llegar al bar y escuchar al barman decir que ahora se iba a enterar el marshall de lo que es bueno, en el que Cooper pierde los nervios y le da un puñetazo, qué prodigio, qué momento tan dramático ver hacer al marshall todo contra lo que ha estado luchando para conseguir que su pueblo sea seguro y civilizado. Pero aún hay más, porque a pesar del talento de la escena, al final de la pelí­cula hay un momento en el que vemos la cara de Cooper en primer plano con un gesto de indefensión enorme porque no ha conseguido que nadie le ayude contra los cuatro pistoleros. Pues bien, de ese plano corto tremendo de su cara (menuda expresividad) que dura unos segundos y que Cooper aguanta de manera brillante, se pasa a otro plano en el que le vemos de perfil, un plano que se va abriendo mediante un “travelling” en grúa de la cámara, y poco a pocos vemos a Cooper, sólo en las calles del pueblo, no queda nadie, está sólo ante el peligro. Es una escena (la forman dos planos) que recuerda mucho al plano famoso deCantando bajo la lluvia, a uno de los planos finales de Ciudadano Kane, pero para mí­ es superior porque esa escena sola refleja la totalidad de la pelí­cula, genial. No se trata de un único plano como en el caso de las otras dos pelí­culas porque si se continúa abriendo el plano desde el primer plano de la cara de Cooper, su interpretación pierde fuerza, es como si se diluyese, de la manera que lo filma Zinnemann tenemos un primer plano de la cara de Cooper que el que se encarga de transmitir toda la fuerza, con la cámara inmóvil porque cuando la cámara se mueve es para decir algo, y ahí­ el que tiene que decirlo todo es el rostro de Cooper y no la cámara. Después corta y pasa a otro plano en el que la cámara ya hace ese movimiento hacia atrás para transmitirnos la soledad de una persona que no ha encontrado a nadie que le ayude. Si me tuviera que quedar con 10 escenas de la historia del cine, ésta serí­a una de ellas, seguro. El cine es lo que es gracias a éstos momentos. Y hablando de momentos, el plano final cuando mientras abraza a Grace Kelly (la única persona que le ayudó), mira hacia las personas del pueblo con un desprecio increí­ble y tira su placa con el mismo desprecio que ellos han mostrado hacia él, en un plano de gran simbolismo.

Pensar que la pelí­cula pasó a la historia por ser la primera pelí­cula del oeste en la que el héroe tiene miedo, con todo el cine que hay detrás, es increí­ble. No es que sea un comentario erróneo, pero desde luego no araña ni tan sólo la superficie de esta pelí­cula tan extraordinaria.

 

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