Tierra de audaces.

Publicado en por CINE MIO

Henry King, 1939

Tierra de audaces


La necesidad de mitos ―tanto o más que del ferrocarril, la prensa o el telégrafo― para colonizar el Oeste, y en especial para colonizar el imaginario de los nuevos pobladores, con probabilidad hizo explosionar una época, durante la segunda mitad del XIX, en la que América adoró a sus bandidos. Los «fuera de la ley» Jesse y Frank James, como otros antes terminarían convertidos en leyendas mil y una veces impresas, y trasladadas también con insistencia al cine. En cierta manera el western, y acaso todo el cine de su mano, nació y se desarrolló al amparo de la exigencia resumida por John Ford en una de sus obras maestras: ¡Print the legend!

Poco preocupa entonces que la leyenda impresa ―o rodada― se ajuste a un tiempo histórico con fidelidad. Justamente ese, por así decirlo, anhelo de superación de una imposible exactitud histórica subyace en el éxito del western como género, y terminó por hacer de sus directores, de Ford y Hawks y Mann y tantos otros, los homeros y virgilios de la última de las epopeyas. Así en Tierra de audaces ―en el original con el más ceñido título de Jesse James― se presenta al protagonista como una suerte de Robin Hood del lejano Oeste, y se obvian algunos de los desencadenantes de su carrera fuera de la ley. Henry King, más preocupado en confitar su película al modo del cine de aventuras, omite cualquier referencia al pasado de los hermanos Jesse (Tyrone Power) y Frank James (Henry Fonda) como combatientes en la Guerra de Secesión y como integrantes de la guerrilla de Bloody Bill Anderson, una de las más feroces y falta de escrúpulos. 

De algún modo, por tanto, lo que hace de 
Tierra de Audaces una película templada, es su falta de elevadas pretensiones y el alejamiento del director de casi cualquier concesión a la recreación de la violencia y a la espectacularidad. King resuelve los robos en trenes y bancos, como también el vil asesinato del legendario protagonista, en secuencias breves y sin apenas subrayados, con un estilo ágil y libre de hojarasca. Ésta resulta, en definitiva, la más sobria de las vidas de Jesse James que el cine nos ha dado y yo haya visto, conformando una versión canónica del mito. Tampoco, aunque en esa intención Henry King parece mostrarse más prolijo, es ésta la que rebosa más romanticismo de entre sus recreaciones, honor que ―¡cómo no!― le corresponde todavía a la dirigida por Nicholas Ray.

 

 

Fuente: Dos cabalgan juntos-Publicado por C. V. Moure

  GODOJOS - (Zaragoza)

 

Etiquetado en Mis Clásicos.

Comentar este post