Tierras lejanas.

Publicado en por CINE MIO

 

Anthony Mann GODOJOS - (Zaragoza) tierras lejanas

La película que mejor recoge la esencia del ciclo de Anthony Mann con James Stewart. La catarsis de un pistolero de pasado sombrío, el paisaje inmiscuyéndose en el itinerario de los personajes y al tiempo reflejo de su personalidad —el aislamiento, la ausencia de empatía reflejada en montañas altas y nevadas y rocosas—, y por supuesto los hallazgos tal vez atribuibles a Borden Chase: el protagonismo de objetos inanimados, de animales… La tercera y la última del ciclo donde Chase firma el guión, y deslumbra con un cascabel en la silla del pistolero protagonista, o con las cabezas de ganado que —a la manera del winchester de su primer western con Mann— pasan de mano en mano y resultan objeto de codicia de casi todos. También otros hallazgos como la joven (Corinne Calvet) enamorada platónicamente y empeñada sin suerte en cantar ante James Stewart. El tono —más lírico que en Winchester 73Colorado Jim o El hombre de Laramie—la hermana con Horizontes lejanos, con la cual coincide además en la recurrencia a un río como itinerario. Y por último la magnífica puesta en escena de Mann, la secuencia del inusual tiroteo bajo el porche de un saloon.

 

En efecto, Tierras lejanas (The far country) se estructura a la manera de un western en ruta. El pistolero que encarna James Stewart, y un inseparable Walter Brennan, intentan servirse de unas cabezas de ganado para la procura de su sueño: terminar con una vida errante. Los trayectos los cubren en vapor —la parte inicial y más desenfadada— y a caballo —en confrontación con ciclópeas montañas—, todo para desembocar en un pueblo minero, aislado y repleto de buscadores de oro. Pueblos como lugares de paso, oportunidades de fortuna donde un tiroteo marca el fin de la estancia. Y es en esos enclaves, montañosos o a orillas de un río, donde los personajes se ocupan en echar el lazo a Stewart por muy variados motivos. Un sheriff (John McIntire) representante de una justicia caprichosa y parcial; o la comerciante a quien da vida Ruth Roman, una mujer de carácter en la línea de la Dietrich de Encubridora, la Joan Crawford de Jonnhy Guitar y la Barbara Stanwyck de 40 pistolas; o la ya citada Corinne Calvet empeñada en cantar al Ulises de esta odisea entre cimas nevadas.


En una entrevista para Cahiers en 1995, Martin Scorsese citaba a Anthony Mann como uno de los cineastas “olvidados por completo en Estados Unidos”, así como a Fuller o Tourneur. Una de las razones seguramente del mermado brillo del cine en aquel país. Ahora su cine cada vez más parece haber nacido en algún momento de los ochenta —setenta a lo más—, y Spielberg y Coppola o Scorsese sus pioneros. Si donde rodaron buena parte de los más grandes cineastas no guardan la memoria de años gloriosos, y sus nombres y películas, mal asunto. Los gustos en el cine suelen sufrir cambios bruscos, supeditada buena parte de la producción a pantallas comerciales —un arte caro—, a una mayoría olvidadiza, caprichosa. Cita también Scorsese a Truffaut en esa entrevista, y con sus palabras recuerda los grandes descubrimientos técnicos nacidos a la sombra del cine americano: el sonido y el color, el formato alargado en sus muchas variantes… Ahora seguramente habrá que añadir el cine en 3D, con Avatar de James Cameron como El cantor de Jazz de nuestros días. Nuevos pioneros para nuevas técnicas (o no tan nuevas), y más desmemoria. Al tiempo.

Fuente: Dos cabalgan juntos-Publicado por C. V. Moure

 

 

Etiquetado en Mis Clásicos.

Comentar este post