Valor de ley.

Publicado en por CINE MIO

 

 (Henry Hathaway, 1969)


Tal vez lo más interesante de este western nada desmitificador, sea el contraste entre los distintos aspectos que dulcifican la puesta en escena —el rostro de una jovencita Kim Darby, la fotografía muy luminosa en exteriores y el empleo de un casi irreal technicolor— y, por otro lado, la aridez de los hechos narrados. Al contrario de lo que suele ocurrir en las películas con jovencito o jovencita, o niño o niña protagonista, aquí la realidad del salvaje Oeste no se dibuja para nada pueril, ni ingenua siquiera la entrada en el mundo adulto de una joven tras el asesinato de su padre. En cierta manera, Valor de ley (True Grit) es una película de aprendizaje de la mano de un héroe cansado, aquí el sheriff Rooster Cogburn (John Wayne), que con alcohol y poco más sobrevive a la estricta moral que impera en un país aún en ciernes.

 En otras palabras, el principal acierto es haberse valido de la mirada sin prejuicios —la mirada limpia de quien apenas ha vivido, de quien no interpreta el mundo a través de la propia experiencia— de una joven para retratar los impulsos que mueven a los hombres a la venganza, pues de eso trata este western. Un afán de venganza que ya se dibuja en el rostro de Kim Darby apenas arrancado el metraje, al tiempo que contempla un ahorcamiento público sin apenas inmutarse y hasta con cierto regocijo, como si allí encontrará un bálsamo para su ánimo turbado. La moral de ese Oeste es sumaria y primitiva, "el que la hace la paga" y nadie, a lo largo de toda la película, se cuestiona en serio el derecho a resarcirse de la joven protagonista. Y tal vez por ello es tan creíble la amistad —fruto de una identificación mutua, casi un reconocimiento de uno en otro por muy difícil que en principio pudiera parecer— nacida entre Rooster y su acompañante.

 El resto, lo que no se enmarca en la estricta relación entre esos dos personajes, no deja de ser un periplo por lugares comunes. Ni la banda de forajidos encabezada por un joven Robert Duvall, ni el pistolero que interpreta Glen Campbell y la inocente historia de amor apenas sugerida, nos hacen olvidar lo que aquí de verdad interesa: el viejo vaquero y su acompañante, la intimidad de los mismos. Y eso que la amistad entre ambos se fragua en una pequeña parte del metraje. Parece que Hathaway, o su guionista, no quisieran incidir demasiado en ello, pero la escena con los dos protagonistas a la mesa —en compañía del chino, “compañero de piso” de Rooster—, o incluso el epílogo de la película, casi sin palabras nos cuentan más aún que los tiroteos y secuencias de acción. Es más, aun en el espectacular enfrentamiento final de Rooster, lo que nos da la medida del desafío y de su valor —y lo que también, por qué no, parece empujarlo a él— es la mirada de su joven compañera.

Fuente: Dos cabagan juntos-Publicado por C. V. Moure

 

 

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