LOS TRES MOSQUETEROS.
George Sidney.
Intérpretes: Gene Kelly (D’Artagnan), Van Heflin (Athos), Gig Young (Porthos), Robert Coote(Aramis), Lana Turner (Lady de Winter), June Allyson (Constance Bonacieux), Angela Lansbury(Reina Anne), Frank Morgan (Rey Luis XIII), Vincent Price (Cardenal Richelieu)
Francia, 1625. D’Artagnan (Gene Kelly) es un gascón lleno de ilusiones, quien viaja a París con la intención de convertirse en mosquetero del rey Luis XIII (Frank Morgan).
Cuando llega a la capital francesa, D’Artagnan entabla amistad con Athos (Van Heflin), Porthos (Gig Young) y Aramis (Robert Coote), tres mosqueteros enfrentados a los guardias del Cardenal Richelieu (Vincent Price), el poderoso primer ministro del rey que pretende descubrir el romance entre la reina Ana (Angela Lansbury) y el Duque de Buckingham (John Sutton). La suntuosidad, espectacularidad y el colorido con la que la Metro Goldwyn Mayer abordaba sus superproducciones en el cine dorado de Hollywood y el generoso e impresionante reparto (Gene Kelly, Lana Turner, Van Heflin, Vincent Price, Patricia Medina, Angela Lansbury, June Allyson, Gig Young ) es lo más destacado de esta adaptación del libro de Alejandro Dumas padre, todo un clásico literario del género de aventuras que es trasladado por el productor Pandro S. Berman y el director George Sidney con viveza y jovialidad, en especial en la exposición de las escenas de lucha, definidas como si de un título musical se tratase, no en vano Sidney era un especialista en filmes de esa naturaleza.
El extenso primer duelo es de una brillantez sublime, realizado de manera magistral y narrado con energía, vitalidad y humor, aprovechando las excelentes cualidades atléticas de Kelly, quien a pesar del idóneo talante físico para el papel y de su magnífica interpretación, queda un tanto talludito para incorporar al joven y bisoño D’Artagnan.
El filme, aderezado con la música de Tchaikovsky, arranca con un tono muy divertido y desenfadado, con algunos momentos de slapstick derivados el cine mudo, y con el paso del metraje y acorde a la historia de Dumas, va adquiriendo una gradación más oscuro y trágica, con un exceso dramático y pasajes un tanto pesados.
Las aventuras de capa y espada del gascón y sus compañeros mosqueteros ponen de manifiesto temas como la lucha por el poder y la influencia en el mismo, la ambición sin escrúpulos, la camaradería, el dolor del amor, la seducción o la corruptela e intriga palaciega personificada en la figura histórica del Cardenal Richelieu (encarnado por el gran Vincent Price, quien necesitaría mayor presencia física en el entramado de la película), un importante estadista en la corte del rey francés Luis XIII, quien utilizó todo su poder para centralizar a ultranza el poder político en el país galo.
El Technicolor permite mostrar a una bellísima Lana Turner como Lady de Winter, la perdición sentimental de un afligido Van Heflin, quien como Athos realiza una sobresaliente interpretación.
Unos años después George Sidney retomaría este tipo de aventuras de espadachines con la sobresaliente Scaramouche.
Suntuosa producción repleta de colorido que opta acertadamente por respetar la línea argumental principal y la personalidad de los protagonistas de la novela.
La primera parte tiene un ritmo endiabladamente vivo. Los diálogos fluyen a toda velocidad, pero es sorprendente la claridad con que se entiende todo. Ahí hay mucho trabajo y mucho talento.
Poco a poco el dramatismo va llenando la historia, más o menos como en la novela.
Pero los cineastas llevaron al extremo las palabras de Dumas que describían el estilo de lucha de D’Artagnan como “ágil y saltarín; alejándose a cada instante de las reglas establecidas” y en su lamentable traducción particular entendieron “circense y acróbata”. Todos sabemos que así se entendía en Hollywood la aventura por aquella época, pero para mi gusto es una visión que ha envejecido, que ha quedado obsoleta por infantil. De la misma manera, me parece que los actores más conocidos de este género enfatizaban demasiado. No obstante, las mujeres y Vincent Price hacen grandes trabajos.