Open range.
Con el western, si me apuran, el espejismo es si cabe peor. Cada año se anuncia la resurrección del género, lo que termina en apenas una muestra de buena voluntad, el paseo de las reliquias ante un puñado de apesadumbrados espectadores. Open range se reduce a eso, al peso de la nostalgia. A descubrir en pantalla horizontes de grandeza entreverados con algún tiroteo, y también, por qué no, a un par de cowboys a cuestas con un pasado mudo. El director empaña con su tintura sentimental las imágenes, cabalga los senderos del melodrama, y por últim
o nos ofrece un tiroteo —buen montaje y efectos de sonido, cuidada planificación— que no deja de alzarse como el momento de excelencia de esta película. Con todo, y sin constituir un burdo remedo de lugares comunes, no se atisba ninguna seria intención de puesta al día del género.
Dos cowboys, como antes decía, interpretados por Robert Duvall y Kevin Costner se entregan al sentimentalismo en varias escenas, en ocasiones en compañía de la solterona encarnada por Annette Bening. ¿Es lo sentimental un problema? ¿Puede hoy mostrarse de forma explícita en pantalla sin caer en la cursilería? ¿Y en un western? Cuestiones seguramente irresolubles. Un gran maestro como John Ford recorría con frecuencia las veredas más sentimentales, pero hoy el gusto de buena parte de los espectadores no está para tales atrevimientos. A pesar de todo, tras las historia de estos dos ganaderos enfrentados a un cacique, se atisba el afecto por las viejas películas del Oeste, esa forma de sentirse espectador alejada hoy del interés del público.
Fuente: Dos cabalgan juntos-Publicado por C. V. Moure