Rio Conchos.
La historia de una venganza, de la construcción de un sueño también. Si no fuera por la parte final, cuando en pantalla aparece el sudista coronel Pardee (Edmond O´Brien) y las imágenes y la violencia adquieren un tono elegíaco, no nos encontraríamos ante una película de culto, ni ante un excelente western. Pero abunda la tristeza en ese desenlace con muchos minutos rodados a pleno sol y en la ribera del río del título. Entonces conocemos el rostro del confederado, un Kurtz de presencia más lastimera aun que el mostrado por Coppola en Apocalypse Now, su rostro iluminado, y así también su locura y la venganza que trama —mano a mano con los apaches— tras la derrota en la Guerra de Secesión.
El sur todavía es posible, eso parece meditar cuando recibe a la expedición encargada del rescate de una partida de rifles robados. Y su locura —por tal es tenido quien vive en un mundo irreal, pasado incluso, y más aun quien se atreve a reconstruirlo— eclipsa la película, al resto del reparto —Richard Boone, Stuart Whitman…— y la odisea hasta llegar al río Conchos, cualquier cosa que pueda ocurrir importa ya poco. Como con el Kurtz de Coppola y Joseph Conrad, aquí la locura, el estremecimiento que a la misma acompaña, se acentúa por la adoración casi mesiánica (el temor acaso) de soldados sudistas, desertores y apaches por el líder. Gordon Douglas recrea un entorno fúnebre en Río Conchos, como ya hiciera en Sólo el valiente, y los integrantes de la expedición se ven abocados a los desvaríos de un régimen fantasmal, anacrónico.
No es difícil, por lo demás, emparentar este western con Los profesionales de Brooks o Grupo salvaje de Peckinpah, por el paisaje desolador al fondo, y aun por el retrato despiadado de la violencia y del ejercicio sin escrúpulos de la misma por un grupo de mercenarios, aquí militares algunos pero que al fin asumen que les ha tocado otro papel. Poco a poco en todos se impone el código de la venganza, de la deslealtad más árida —mucho más que en los referentes citados—, y eso acaso vuelva a Río Conchos una película en exceso incómoda, que avanza sin respiro entre desengaños y sangre, donde nadie se fía de nadie con o sin motivo, y donde el disparo concluyente puede provenir incluso de un revólver amigo. El horror.
Fuente: Dos cabagan juntos-Publicado por C. V. Moure